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El negocio de la energía
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 28 de julio de 2007

¿Colapso energético nacional o falta de energía para lucrarse, vendiéndola a otros países?

El reportaje del domingo 22, sobre hidroeléctricas, publicado en Prensa Libre, es desconcertante. En primer lugar se les pasó anotar que los ecologistas fuimos muy enfáticos al manifestar –varias veces– que NO estamos en contra de las hidroeléctricas.

Dijimos que hay que evaluar cada proyecto, desde la perspectiva ambiental y social, para determinar si los beneficios que se prometen son mayores que el daño que pudieran causar; sobre todo, en un país como Guatemala, con sus altísimos índices de pobreza, racismo y exclusión, donde –para un alto porcentaje de la población– el mayor problema energético es la falta de alimento.

El reportaje asegura que “el rechazo popular a la construcción de proyectos de generación eléctrica hidráulica en la provincia está encaminando al país hacia el colapso energético, por la falta de capacidad par atender la demanda”.

En otra parte señala que “el aporte de esta hidroeléctrica (Chixoy) también es fundamental para abastecer de electricidad a El Salvador, Nicaragua e incluso Panamá”. ¿En qué quedamos? ¿Hay amenaza de colapso energético aquí, o los que venden la energía de Guatemala tienen problemas para abastecer la demanda de otros países?

El reportaje asegura que “la tendencia en países como Guatemala es aprovechar el recurso hídrico para generar electricidad, pero muchas comunidades desconfían y son mal informadas”.

El problema más grave que enfrentan los dueños de las hidroeléctricas privadas es el precedente que dejaron otras hidroeléctricas, notablemente Chixoy. Cito, del mismo reportaje, en la parte titulada “Chixoy, proyecto polémico, pero provechoso”: “En 1980 fueron desplazados en forma violenta más de tres mil 500 pobladores de comunidades mayas y unas seis mil familias que vivían en esa zona. También perdieron sus tierras sin haber recibido compensación alguna”.

¡Qué bonito! La hidroeléctrica Parabién también abonó al descrédito, debido a los problemas que generó para los usuarios de la cuenca y a las promesas que no cumplió. El artículo termina citando a Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute, quien opina que, “bajo el pretexto de proteger a las comunidades, estos grupos de presión se han aprovechado de la ignorancia del público”.

Toman en cuenta a este analista político, de un instituto extranjero que se caracteriza por ser defensor acérrimo del libre mercado y que promueve la abolición del salario mínimo, pero no entrevistan a ninguno de los miles de guatemaltecos afectados por las hidroeléctricas; tal vez porque los consideran ignorantes.

El rechazo a las hidroeléctricas rebasa el argumento ambiental. A mí me queda claro que el tema no es la energía, sino el mercado energético. ¿Quién necesita esa energía y para qué? ¿Quién hace negocio con la energía que generan nuestros ríos y a qué precio?

Fuente: www.prensalibre.com - 270707


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