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Como chiste de mal gusto
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 10 de agosto de 2007

¿Qué tienen qué ver el agua, la minería, los tratados de libre comercio y los candidatos a la Presidencia?

Casi nadie, en Guatemala, conoce los textos de los TLC. Vale la pena leerlos, porque ¡qué pena que ya los hayamos firmado! Por ejemplo, en lo relativo al agua, el texto dice que cualquier medida que obstaculice la utilización del recurso (agua) como objeto de comercio puede interpretarse como una expropiación indirecta, lo cual expone a los Estados a penalizaciones establecidas por tribunales internacionales.

Parece escrito para incitar a los defensores de nuestra soberanía. En el capítulo de inversiones del TLC se establece que las controversias que surjan entre los Estados y los inversionistas extranjeros por presuntas violaciones de derechos de propiedad serán dirimidas por tribunales internacionales, cuando así lo soliciten los inversionistas, quienes podrán exigir compensación por cualquier acto gubernamental que afecte sus ganancias potenciales.

Las empresas pueden establecer demandas contra los Estados, pero ¡éstos no pueden hacerlo contra las empresas!

Si a la Presidencia de Guatemala llegara una persona honrada y cuerda, que quisiera revisar por qué las transnacionales explotadoras de minerales pueden utilizar y contaminar gratuitamente millones de galones de agua mientras el pueblo guatemalteco paga caro por su uso, seguramente el Estado enfrentaría una demanda.

Nunca deberíamos olvidar a quienes firmaron ese tratado por nosotros. Porque gracias al TLC, México fue demandado por US$16.7 millones, por la osadía de negarle (a través del gobierno de San Luis Potosí) a la empresa Metal Clad, de EE.UU., el permiso para la construcción y operación de un relleno sanitario de desechos tóxicos peligrosos. El relleno no cumplía con las normativas ambientales; tras una auditoría geológica, se comprobó que las instalaciones podrían contaminar el suministro local de agua.

Gracias a la firma del TLC con Estados Unidos, poco podremos hacer para salvar recursos que ya fueron entregados por el ex presidente Portillo y el presidente Berger, quienes condenaron montañas y suelos guatemaltecos a la explotación de minerales metálicos y enormes cantidades de agua a la contaminación.

Entre los planes de las transnacionales mineras está apoderarse de mucho más territorio guatemalteco, según se puede comprobar en www.mem.gob.gt, bajo solicitudes mineras.

¿Queremos, las y los guatemaltecos, vivir en un país explotador de metales, en época de cambio climático? ¿Van a seguir entregando Guatemala? ¿Cómo nos van a proteger de la voracidad de las transnacionales extranjeras? ¿Quién va a defender nuestro derecho al agua? ¿Por quién podemos votar en tiempos de tratados de libre comercio?

Fuente: www.prensalibre.com


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