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¿En qué planeta viviremos?
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 21 de septiembre de 2007

Para mover el parque vehicular con agrocombustibles, no alcanzan todos los suelos productivos del planeta.

En los países desarrollados, una de las grandes preocupaciones actuales es la generación de gases que producen efecto invernadero, los que a su vez causan el cambio climático. Como la mayor fuente de esos gases es la quema de hidrocarburos, entre las medidas propuestas para reducir la contaminación atmosférica está la producción de agrocombustibles.

Caña de azúcar, palma africana y maíz son tres de los cultivos que se pueden mezclar con el petróleo. Una propuesta que a algunos ha parecido fantástica, pero que presenta dilemas y problemas que ahora se debaten constantemente en los medios de comunicación europeos.

Esa medida sólo implica disminuir un pequeño porcentaje del consumo de hidrocarburos, con lo que se reduce en muy poco el problema que genera el cambio climático. Además, los agrocombustibles no están alejados de la industria petrolera, porque siendo extensos monocultivos, dependen de insumos agrícolas derivados de la petroquímica.

En muchos casos, para transportarlos se utilizarán hidrocarburos. Además, se reconoce que para satisfacer la demanda de combustibles necesarios para mover los parques vehiculares terrestre, marino y aéreo, sobre todo de los países desarrollados -demanda que aumenta constantemente-, no alcanzarían todos los suelos productivos del planeta.

ahí viene la consideración ética de este debate: si los suelos que van a dedicarse a la producción de agrocombustibles serán los de África, Asia y América Latina, esto significa que aumentará la competencia por suelos para la producción de alimento en los lugares donde habitan las poblaciones humanas más pobres de la Tierra.

Algunos científicos sostienen que la única manera de evitar una catástrofe ecológica de magnitudes planetarias es dejar de quemar petróleo e hidrocarburos. Esa medida es tan extrema que muy pocos se atreven a plantearla, porque implicaría cambiar totalmente la manera en que la civilización humana funciona actualmente.

A pesar de que el costo de seguir quemando petróleo podría ser el fin de la moderna civilización humana que conocemos, todo apunta a que mantendremos el negocio como hasta ahora, y -si podemos- a mayor velocidad. Guatemala es uno de los países que le ha entrado con más entusiasmo a este nuevo negocio “verde”.

Sólo que decir Guatemala es sobredimensionar la cuestión, porque la gran mayoría de la población no tiene ni la menor idea de cuánta tierra ha sido ya identificada para la producción de agrocombustibles.

Y aquí el debate ético que tanto preocupa a los europeos tiene cabida. La cuestión de la tenencia de la tierra ha sido uno de los problemas más críticos que enfrenta la empobrecida población campesina de Guatemala, por lo que este debate debería de preocuparnos más a nosotros que a los europeo

Fuente: www.prensalibre.com


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