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Políticas sobre ruedas
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 5 de octubre de 2007

Estas no son medidas imposibles.

Un amigo lector, a propósito de mi artículo del viernes pasado, en el que comentaba sobre el peligro de los agrocombustibles, preguntaba si debemos decirle no al petróleo y también a los combustibles fabricados a partir de las plantas. ¿Qué opción estás sugiriendo? Me veo en la necesidad de aclarar varias cuestiones importantes.

Dirijo estos cuestionamientos –principalmente– a quienes tienen el poder de tomar decisiones en nuestro país, cuando hablo sobre el uso que se les puede dar a los territorios guatemaltecos. Y en este caso, concretamente, a los dos candidatos presidenciales que llegaron a la segunda vuelta.

En Guatemala se extrae petróleo, desde hace ya muchos años. La explotación petrolera no mejoró el nivel de vida de muchos ciudadanos guatemaltecos, ni bajó el precio de la gasolina para los consumidores chapines.

En cambio, sí ha significado contaminación, enfermedad y violencia para muchas personas que viven en las regiones donde el petróleo se extrae y refina, aunque esto no sea de conocimiento popular.

Y causó la destrucción de los ecosistemas vírgenes que se encontraban donde hoy se explotan los hidrocarburos.

Uno de los ejemplos más patéticos es el del Parque Nacional Laguna del Tigre, dentro de la Reserva de la Biosfera Maya, cuya destrucción empezó con la apertura de la carretera petrolera.

Seguir entregando territorios guatemaltecos a las transnacionales petroleras y hablar de nuevas refinerías, cuando estamos al final de la era del petróleo y sabemos a ciencia cierta que la quema de estos combustibles es una de las principales causas del cambio climático, me parece necio, miope y cortoplacista. Lo terrible es que los dos partidos políticos que se disputarán la Presidencia de Guatemala sostienen un discurso similar al respecto: si hay petróleo en suelos guatemaltecos, hay que aprovecharlo. Pero sobre los costos ambientales y sociales que conlleva la explotación petrolera, no dicen ni una palabra.

Es fundamental abordar la cuestión también desde la perspectiva individual: quienes poseemos un automóvil tenemos que minimizar su uso tanto como sea posible. Esta es una decisión que requiere de conciencia personal. Y aquí cabe un planteamiento para el alcalde de la Ciudad de Guatemala: en sus manos tiene la posibilidad de encaminar políticas para continuar mejorando los sistemas de transporte colectivo y favorecer el uso de la bicicleta –como se ha hecho con éxito en otras partes del mundo.

La cultura del ciclismo conlleva ventajas evidentes, como menos problemas de salud causados por la contaminación, diferencias sociales menos grotescas y obvias, y –por lo tanto– menos violencia. Estas no son medidas imposibles; son medidas que requieren de voluntad política, de una visión más comunitaria de futuro, y de mucho valor para llevarlas a cabo.

Fuente: www.prensalibre.com


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