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El níquel está en tu vida
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 19 de octubre de 2007

Estará en nuestra sangre, nuestra tierra y nuestra agua... aunque no queramos.

El reconocimiento al trabajo de Al Gore y el Panel Intergubernamental de Cambio Climático sobre la crisis ecológica, al otorgárseles el Premio Nobel de la Paz, respalda ampliamente la tarea para detener una catástrofe planetaria.

Es un reconocimiento definitivo a la gravedad de la situación en que nos encontramos, otorgado a un personaje político de alto perfil mundial y a una institución que representa al concierto de naciones, que a su vez se sustenta en el trabajo de muchísimas instituciones, científicos, políticos, activistas, campesinos, comunicadores… ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo.

Es el reconocimiento a la importancia de la lucha ecologista, que pretende detener la destrucción de la naturaleza causada por el consumo desenfrenado de los recursos que encabezan los habitantes de las naciones poderosas.

La civilización humana se ha convertido en una amenaza implacable para el equilibrio natural que mantiene la complejísima red de seres vivos que ha evolucionado sobre la Tierra.

Y, precisamente en estos tiempos, las declaraciones gozosas de funcionarios de Gobierno, quienes pregonan que Guatemala es un paraíso para las industrias extractivas, son francamente preocupantes.

Se trata de inversiones de poderosos grupos transnacionales especializados en extraer riquezas de los países que las poseen, a los costos más bajos, con capacidad comprobada a nivel internacional de causar desastres ambientales y sociales, que dejan pagos miserables como regalías, y que también tienen amplia experiencia en corromper funcionarios gubernamentales.

Si el desequilibrio climático afecta ya a Guatemala, ¿por qué entregar nuestros recursos y además poner en peligro nuestra única posibilidad de resistencia ante los futuros embates climáticos?

En Izabal hay mucho descontento por lo que está pasando en relación con la minería de níquel. Hay desconcierto por las oraciones que un sacerdote –muy conocido– ha elevado públicamente por las operaciones de la empresa minera CGN, que inicia sus labores de explotación.

Personas que pertenecen a la comunidad católica de aquel departamento transmiten su angustia, ante la petición que hace monseñor Gabriel Peñate a los sacerdotes claretianos de que éstos abandonen la parroquia que han atendido durante 35 años.

La pregunta es si esto tendrá relación con que los claretianos hayan apoyado la posición de resistencia a la minería de muchos de sus feligreses. Si en Izabal se amplía la actividad minera, se destruyen las montañas y se llena de sustancias peligrosas el departamento, sus habitantes estarán más indefensos ante cualquier evento extremo, producido por el cambio climático.

Fuente: www.prensalibre.com


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