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Arquitectura y ecología
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 28 de noviembre de 2008

Todas las actividades que realizamos los seres humanos impactan los lugares donde vivimos; algunas más que otras; unas, de manera positiva, y otras, negativamente. El nuestro es un universo de fenómenos interconectados, donde todas las acciones, hasta las más pequeñas, repercuten en todo lo demás.

En esta etapa de creciente inquietud por el bienestar de nuestro planeta, analizar nuestras acciones desde una perspectiva ecologista implica necesariamente reconocer esta interrelación, y son cada vez más los profesionales, intelectuales y científicos que adoptan esta visión en sus diferentes ámbitos: en la medicina, en la alimentación, en la educación… y —entre muchas más— en la arquitectura. Todos los seres humanos vivimos en casas o edificios. Así como los ecologistas conciben la Tierra como un organismo vivo, hay arquitectos que proponen pensar en un edificio también como un organismo vivo que interactúa dentro de un determinado ecosistema. Si entendemos los edificios como organismos vivos, vemos que éstos necesitan materiales y energía para su construcción, lo cual genera impactos ambientales: todas las construcciones consumen agua y eliminan aguas grises y negras; toman aire exterior y despiden aire viciado; necesitan energía y eliminan calor, ruido y contaminación. Estos son los componentes del ciclo energético de una casa o de un edificio. Evaluar el impacto de cada uno de ellos y diseñarlos de tal modo que los ciclos estén en armonía con los ciclos de la naturaleza es el desafío de una nueva arquitectura respetuosa de la ecología. La física cuántica ha demostrado cómo la visión mecanicista del mundo y las especializaciones inconexas de la ciencia moderna son destructivas.

Pensar cada unidad aislada de la otra nos lleva a la fragmentación que existe en todos los órdenes de la vida moderna. Si por el contrario consideramos nuestro modo de vida y el ambiente en que vivimos como una parte del ecosistema global, veremos que somos parte de toda una red entrelazada de diferentes ecosistemas, interactivos, interdependientes, regenerativos y sostenibles. Los principios de la arquitectura ecológica más comunes son: valorar las necesidades de espacio y superficie, distinguiendo las indispensables de las optativas y su priorización; proyectar de acuerdo con el clima local; ahorrar energía, considerar todas las fuentes de energía renovable, ahorrar agua; construir edificios de mayor calidad, fácil manutención y adaptables al cambio de uso; evitar riesgos para la salud (no solo de la seguridad de la obra, sino de los materiales utilizados durante la producción y el levantamiento de la obra —solventes, polvos, fibras y otros agentes nocivos—, utilizar materiales obtenidos de materias primas generadas localmente y que usen procesos que involucren poca energía, utilizar materiales reciclables y gestionar ecológicamente los desechos.

Estas consideraciones nos deben interesar a todos, porque todos habitamos casas y edificios, pero especialmente a quienes se dedican a planificar y a construir edificaciones. Con el propósito de alentar un diálogo participativo alrededor de este tema, la escuela de pensamiento ecologista Savia ha organizado el conversatorio: “Modernismo y ambiente, breve historia de un largo fracaso”, con el arquitecto David Garda, el 3 de diciembre, a las 18 horas, en el Centro Cultural de España, 4° Norte. Quedan, todas y todos, cordialmente invitados.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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