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Los abuelos y su visión de la Guatemala de hoy
Por Manuel R Villacorta O. - Guatemala, 29 de noviembre de 2008
manuelvillacorta@yahoo.com

La experiencia integral de nuestra población se encuentra en los abuelos guatemaltecos. No es posible comparar a los jóvenes o a los miembros de la “segunda edad” con los abuelos. Además de sus temperamentos propios, de sus capacidades intelectuales, se suma su carácter y más aún, sus experiencias: eso suma sabiduría. Y como expresó Krishnamurti: “El conocimiento es transferible de ser en ser, la sabiduría no, esta se adquiere en soledad, con el transcurso de los hechos de la vida misma”.

Siempre ha sido envidia personal para mí, la forma como los orientales valorar la vejez, a los abuelos, a todas sus personas mayores. Son el orgullo de la familia, son una especie de “buque insignia” para todas las familias. Perder un abuelo es sin duda el mayor golpe que sufren los chinos o los japoneses. Lamentablemente en nuestro caso, en occidente y más precisamente en Guatemala es todo lo contrario. Los hijos de los abuelos y los nietos, están sometidos a los rigores de la vida moderna: tormentosa, acelerada, convulsa y sobretodo, riesgosa.

Veo y analizo los rostros pensativos de los abuelos. En los jardines de sus casas, en sus autos, en los centros comerciales, en todos los sitios. Ven o proyectan el futuro con preocupación, no era este el país que deseaban para su descendencia familiar. En efecto y sin error los tiempos pasados fueron mejores. La inestabilidad laboral, los riesgos físicos por la violencia, el libertinaje desembocado con todos sus riesgos al que están expuestos los jóvenes, especialmente por el sida y las drogas, preocupa mucho a los “viejos” de la familia. Porque tienen visión, porque tienen la capacidad de imaginar el futuro, de proyectarse hacia lo no ocurrido y saben que los hechos presentes no presagian muchos beneficios. La vida será cada día más difícil, compleja, desafiante. Y los nietos, en especial, son esos “futuros protagonistas en escenarios complicados”.

¿Por qué somos tan tontos e ignorantes de no valorar a los abuelos? ¿Por qué no extraemos de ellos toda su sabiduría y aprendemos más rápidamente a transitar en el camino de la vida evitándonos tropiezos innecesarios? Creo que lo más sagrado y valioso para la humanidad es el conocimiento. Bien decía Buda: “El principal amigo del ser humano: el conocimiento. El principal enemigo del ser humano: la ignorancia”. Y nuestro conocimiento social está concentrado en los abuelos. Pero no tenemos tiempo para hablar con ellos, no los hacemos parte directa y protagónica de nuestras vidas, menos de nuestras instituciones. Tanto harían los abuelos asesorando a los funcionarios públicos inmaduros que creen saberlo todo sólo por movilizarse en un automóvil blindado o por contar con tres o cuatro guardaespaldas. Funcionarios arrogantes además de ignorantes.

Los judíos siempre valoraron -hoy ya no tanto- el Sanedrín, el Consejo supremo en el que se trataban y decidían los asuntos de estado y de religión. Los ancianos eran miembros de esa institución, casi santa e incondicionalmente respetada. Una vez el modernismo asaltó a los judíos de hoy, también dentro de esa milenaria cultura empezaron a darse desajustes sociales de magnitud. Pero el hecho quedó como evidencia: lo más valioso que tenemos no son sólo los jóvenes, lo valioso es integral e incluye a nuestros “viejos” a los abuelos honorables de nuestra patria.


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