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¡Golpe de estado! sin quitar a Colom
Por Manuel R Villacorta O. - Guatemala, 7 de marzo de 2010
manuelvillacorta@yahoo.com

El 14 de enero de 1986 Guatemala entraba —políticamente— por la puerta grande de la historia: terminaban formalmente las dictaduras militares contrainsurgentes y tras un proceso electoral de indiscutible calidad institucional, debutábamos como un país democrático. Pero tres factores afloraron impidiendo la consolidación del nuevo sistema político en el país: la renuencia de la institución armada a despojarse del poder real, un reacomodo al interior de las fuerzas empresariales más influyentes y el resurgimiento potenciado de la corrupción política. Al paso del tiempo las contradicciones fueron ampliándose y agudizándose hasta concluir con el fatídico golpe de Estado provocado por Jorge Serrano en mayo de 1993. El resto es historia: nuestro intento colectivo por instaurar la democracia vino a menos hasta llegar a nuestro complejo y complicado presente.

El desencanto con la democracia en Guatemala surgió muy rápidamente, existiendo dos elementos particularmente responsables de ese descontento social: la creciente crisis económica que golpea sin piedad a los guatemaltecos y el auge y consolidación del crimen organizado. Ante ello, la población ha generado rechazo hacia un sistema político plagado de corrupción e incompetencia. Ya en la década de los años noventa se hicieron investigaciones sociales en las cuales se preguntaba al ciudadano común: ¿Si hubiera un golpe de Estado en Guatemala, y el nuevo gobierno le garantizara mejoría económica y control de la delincuencia, usted lo apoyaría? Las respuestas eran abultadamente favorables hacia el mismo. Si hiciéramos esa misma pregunta a los guatemaltecos hoy ¿cuál cree usted que sería la respuesta? (Independientemente de que hay algunos que elucubran fórmulas para ejecutar una acción de ese tipo, probado está). Pero todos sabemos que ese no es el camino, Álvaro Colom es el presidente de Guatemala y constitucionalmente estamos obligados a respetar el término temporal de su mandato.

Creo en un “Golpe de Estado” pero cualitativo e inteligente. No me refiero a ese tradicional golpe de Estado que rompe con el orden constitucional y altera el normal funcionamiento de las instituciones, sustituyendo arbitrariamente a los funcionarios previamente electos por voluntad popular. La acción a la que me refiero sería el paso previo para instituir legalmente la revocatoria de mandatos, es decir, tenemos que crear mecanismos que permitan remover a un funcionario —aun siendo electo por sufragio libre, periódico y universal— cuando se prueba su incapacidad o inviabilidad para seguir en sus funciones. Esto ocurre en el sistema parlamentario, en donde figuras como el Primer Ministro e incluso el Presidente de la República pueden ser apartados de sus cargos sin alterar el orden institucional legal.

El golpe sería la creación del Gabinete de Conciencia una especie de Gabinete Sombra, nada nuevo, que se práctica en Gran Bretaña por ejemplo. Tendríamos dos gobiernos simultáneos, uno operativo y otro de consciencia. Tema que abordaré en una próxima entrega.

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