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Guatemala: la alternativa posible
Por Manuel R Villacorta O. - Guatemala, 12 de mayo de 2017
manuelvillacorta@yahoo.com

Es indiscutible que existe un desánimo nacional sin precedentes. Ya son muchas las experiencias dolorosas que han ido calando en cada uno de nosotros. La lógica parece indicarnos que a este atormentado presente le espera un aciago futuro. Hay elementos contundentes que ciertamente se tornan implacables: el modelo económico perdió competitividad internacional, además es incapaz de absorber a los cientos de miles de jóvenes que anualmente necesitan de un empleo para subsistir. El aparato público se convirtió en un inútil conjunto de instituciones, en donde decenas de miles de empleados abandonados a su suerte y sin dirección, sobreviven mediante el escuálido presupuesto nacional dejando nada para inversión. Lo que debió ser un funcional y democrático sistema político, se convirtió como producto de la cooptación partidocrática corrupta, en un reducto plagado de peligrosos delincuentes. Y ciertamente nuestra sociedad, consciente de lo ya expuesto, perdió el sentido de orientación, muestra agobio y neutralización. En medio de un contexto así : ¿Hay espacio para el optimismo? ¿Existe la posibilidad de recobrar la esperanza y convertirla en el carburante que nos permita alcanzar una Guatemala mejor? Yo creo firmemente que sí, que es posible, que sí podemos.

Para los tres aspectos negativos ya planteados, perfilo lo que considero deberá ser la alternativa para cada caso. Nuestra economía puede y debe transitar por un cambio que nos permita alcanzar un modelo envidiable para toda América Latina y los países en desarrollo. El mercado más grande del mundo (Canadá, EE. UU. y México) se encuentra en nuestra frontera. Tenemos acceso a los dos océanos más importantes del planeta. Nuestros recursos naturales son pródigos, valiosos y diversos. Nuestro recurso humano es fundamentalmente joven, decidido, creativo y responsable. Nuestro sistema de comunicación electrónica es funcional y moderno. La banca opera con estabilidad. Ciertamente estos extraordinarios beneficios no podrán articularse y aflorar, si paralelamente no se habilita una relación férrea ente ética y capital, si no se respetan los derechos laborales, si no frenamos la destrucción del medio ambiente.

Menos complicado es proceder con una verdadera revolución institucional, mediante la cual se elimine ese inservible andamiaje gubernativo, anclado con la dilapidación de los recursos públicos, la ineficiencia y la corrupción. Hoy tenemos decenas de ministerios, secretarías y comisiones que no aportan absolutamente nada para la sociedad. Los indicadores son incuestionables, nuestros rezagos económicos y sociales son evidentes e internacionalmente reconocidos. Necesitamos crear un centro nacional para la elaboración de verdadera política pública, manejado por profesionales expertos y comprometidos. Necesitamos reajustar funciones públicas en pocos pero verdaderamente eficientes ministerios. La investigación, la tecnificación y la actualización deberán ser la constante para la operatividad gubernativa del futuro.

Desmontar el corrupto modelo político, es quizá, el más fácil de los desafíos. Ya la CICIG y el MP abrieron la brecha. El compromiso queda ahora en nosotros los ciudadanos, en organizarnos mejor, en participar más activamente y en elegir con exigencia y contundencia en las próximas elecciones. Para los que nos consideramos optimistas, prevalecerá siempre el espacio positivo de cada situación, aceptando el reto de enfrentar lo negativo y erradicarlo. Los resultados no serán inmediatos, pero por causa y efecto, podremos alcanzar esa otra Guatemala, una patria para todos.

Fuente: www.prensalibre.com


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oblación campesina guatemalteca ha empezado a caminar. Lo que para muchos de nosotros es promisorio, para otros, es condenable. Como si no fuesen seres humanos, como si los derechos elementales (a la vida, la libertad y la propiedad) tuviesen únicamente determinados afortunados. Y en ese caminar estas poblaciones se hacen sentir. Son tantos, millones, que a algunos les genera miedo. Y con angustia se preguntan ¿Qué es lo que viene? ¿Una revolución? ¿Un levantamiento social? Yo creo que ni lo uno ni lo otro. Lo que viene es la necesaria reivindicación de derechos y oportunidades. Lo que viene es un modelo democrático establecido desde abajo, desde sus cimientos. No será un suceso violento como ocurrió en Francia en 1789, en México en 1910 o en Rusia en 1917. No, no será así.

Hoy muchos jóvenes campesinos, indígenas o mestizos, han logrado romper las barreras de la marginalidad. Se están organizando, han estudiado, se han formado, han aprendido por experiencia propia. Y están nutriendo las nuevas y cada vez más fuertes organizaciones populares. Manejan con precisión la informática y las redes sociales, se comunican, se entienden, se articulan cada vez mejor. Mientras la miseria política urbana se enreda