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Cultura política dominante en Guatemala
Por Mario Sosa - Guatemala, 3 de septiembre de 2007
mariososav@yahoo.com

Primera parte

Esta constituye una de dos partes, en las cuales haré un acercamiento a la cultura política dominante en Guatemala. En esta primera aproximación aportaré elementos de carácter teórico que me parecen importantes como punto de partida para entender la cultura política y, por consiguiente, aquella que predomina en el contexto guatemalteco.

Para iniciar, es necesario hacer distinción entre dos ámbitos de la realidad en los cuales debiera estudiarse y analizarse el carácter de la cultura política o de las culturas políticas.

En segundo lugar se impone definir qué entenderemos por cultura política.

El ámbito de lo político y el ámbito de la política

Lo político refiere al ámbito en donde se desarrolla la capacidad de decidir sobre los asuntos de la vida en sociedad, de fundar, mantener y alterar las normas que rigen la vida humana, lo cual nos lleva a pensar lo político desde el nivel más cotidiano de las relaciones sociales. Incluiría entonces, como resolvemos los conflictos y llegamos a acuerdos comunitarios, como construimos relaciones democráticas u opresivas entre hombres y mujeres, entre indígenas y mestizos, etc. La política, diferenciada pero complementaria a lo político, se refiere especialmente al ámbito de la organización del poder, al espacio y tiempo donde se adoptan las decisiones que tienen proyección social, es decir, donde se define cómo se distribuyen los bienes de una sociedad, o sea, qué le toca a cada quien, cómo y cuándo.
En ese sentido hace referencia, por ejemplo, a la relación entre ciudadanos y Estado, a las características de los procesos relativos al acceso y la distribución del poder, los procesos de representación e intermediación política, la organización propiamente política, etc.

Cultura política

Por cultura política se entenderá el conjunto de conocimientos, visiones, creencias, percepciones, representaciones, expectativas y conocimientos, los ideales, valores, historia y experiencias compartidas, actitudes, identidades y sentidos de pertenencia, símbolos y rituales, emblemas, los intereses, normas, formas de participación, discursos, organización, decisión, entre otros elementos existentes con respecto y alrededor de lo político y la política, los cuales portan, desarrollan y transmiten de generación en generación determinados segmentos sociales o sujetos en sus relaciones de colaboración, dominación, subordinación, enfrentamiento, etc. en el ámbito de la sociedad civil y el Estado.

A partir de esta definición, entonces, podemos hablar de culturas políticas, las cuales pueden ser delimitadas –con motivos de estudio- por el espacio socio territorial del Estado-nación, por la clase social, el género, el pueblo, la comunidad, el movimiento social, etc. En este marco, para la acción política desde una perspectiva de clase, en un contexto como el capitalista donde predominan las relaciones entre capital y trabajo en sus múltiples manifestaciones, es necesario considerar esta dimensión como una de las más importantes. No obstante es necesario considerar que la cultura política también encuentra su razón explicativa en otros factores interrelacionados, tales como:

Ø La historia: la historia provee a un conglomerado social, a un sujeto sociopolítico, a una nación, de un sentido colectivo e históricamente compartido. Los mitos fundadores de origen o de proyección histórica (como el Baktun de los mayas, hacia el año 2012), las guerras frente a otros pueblos, clases sociales o Estados, en donde un conglomerado social encuentra identificación y sentido de pertenencia, hace que se genere cierta solidaridad entre sus miembros, aun cuando éstos no se conozcan entre sí, y los hace actuar como un todo unificado para reproducir su existencia colectiva en todos los ordenes, entre ellos el político.

Ø El régimen político, es decir, el conjunto de valores, normas e instituciones que regulan y estructuran las relaciones políticas y garantizan la repetición de comportamientos relacionados, pretendidos y logrados por el poder, que se desarrollan en la sociedad y el Estado: por ejemplo, regulan quiénes, como, cuándo y a través de que se lucha y se ejerce el poder. En este caso, el papel del Estado --a través de sus múltiples aparatos ideológicos y represivos-- como generador de cultura política es fundamental. Así por ejemplo, a través del sistema educativo el Estado promueve valores, símbolos, prácticas ciudadanas, etc. los cuales resultan en buena medida coherentes con sus postulados políticos, los cuales responden, en esencia, a la clase social –incluidos sus intereses de clases, su ideología, su identidad étnica, religiosa, etc.- que ha tenido la capacidad de configurarlo históricamente.

Ø El carácter de la nación, es decir, esa comunidad que se define a partir de una estructura social determinada, en donde determinadas clases sociales que basadas en la propiedad sobre los medios de producción, como la tierra, imponen relaciones de explotación y dominio a las clases sociales subordinadas, logrando así imponer sus intereses y beneficiarse de la riqueza socialmente producida, con lo cual determinan la existencia de una mayoría de ciudadanos que viven en condiciones de explotación, pobreza, exclusión y marginación. Esto implica que la cultura política estará en buena medida condicionada o determinada por el carácter de las clases sociales y sus relaciones, es decir, estaremos, en general, ante una cultura política cuya matriz será la clase social, con lo cual estaremos ante una cultura política burguesa y una cultura política proletaria en el sentido mas abstracto, y ante una cultura política del obrero, del campesino, de las elites oligárquicas en un sentido más concreto.
Adicionalmente, la cultura política se relaciona con la realidad multiétnica, pluricultural y multilingüe que configura a la nación, en este caso la guatemalteca, que hará que dicha cultura se caracterice por formas de organización, representación y autoridad con cualidades étnicas pertenecientes, por ejemplo, a comunidades y pueblos indígenas.

Ø Los proyectos políticos societarios. La existencia de proyectos con ideologías diferenciadas, con propuestas de lo que debiera ser la nación y el Estado, producen o pueden producir, culturas políticas diferenciadas. Así lo demuestra la existencia, por ejemplo, del proyecto socialista o el proyecto liberal. El primero privilegia al sujeto colectivo por sobre el individuo y al Estado como regulador de la economía y la política. El segundo privilegia al sujeto individual por sobre la colectividad y propugna pro el predominio del mercado como regulador de la economía y la política. Pero el impacto de un proyecto u otro está íntimamente condicionado por la correlación de fuerzas realmente existente, es decir, si la correlación es favorable a fuerzas conservadoras que enarbolan un proyecto conservador, la cultura política en general será de ese tipo. Si la correlación de fuerzas es favorable a fuerzas progresistas, la cultura política tenderá a ser del mismo signo.

Una de las características fundamentales de la cultura política es que da contenido y es desarrollada por los sujetos que desarrollan relaciones de poder y autoridad, es decir, de dominación y de sujeción, de sumisión, de resistencia o rebeldía. En ese sentido, las culturas políticas contienen prácticas, concepciones, etc. que tienden a reproducir, transformar, construir o impugnar al poder establecido. Así, las culturas políticas pueden incluir actitudes y prácticas corruptas, violentas, oligárquicas, autoritarias, elitistas, clientelistas, egoístas, patriarcales, discriminadoras, racistas. Puede predominar en éstas el inmediatismo, el sectarismo y el oportunismo. Pero también, puede presentar formas y contenidos democráticos, relaciones sociales de respeto al ser humano, con valores y principios humanistas, solidarios, de reciprocidad, de servicio, de lealtad, de confianza, con sentido colectivo, participativos, pluralistas, democráticos.

Continuara…

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