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Del triunfo del FMLN y la izquierda en Guatemala
Algunas Reflexiones II
Por Mario Sosa - Guatemala, 26 de marzo de 2009

Una izquierda que se proyecte responsablemente al futuro no puede sino partir de una perspectiva objetiva de su realidad actual.   Nuestro estado es de fragmentación y dispersión originada en conflictos de liderazgo, en diferencias programáticas y de estrategia, en predominio de identidades sectoriales y temáticas, en procesos de unidad fracasados a partir de estrategias de eliminación del disenso y la imposición de “mayorías” o de estrategias electoralistas, en la cooptación y derechización, entre otros aspectos.   Hemos sido incapaces de generar las posibilidades y concretar un esfuerzo de carácter estratégico, no solamente para articularnos y unirnos, sino para hacer frente a la hegemonía burguesa, oligárquica e imperialista que se plasma en la profundización de las formas de acumulación de capital y sus impactos en la condiciones de explotación, expolio, miseria y deterioro ambiental.   Hemos sido incapaces de generar oposición y dicho papel se lo hemos dejado a la misma derecha, que se debate entre la supuesta moderación del gobierno de Colom y la oposición orientada al fascismo del Partido Patriota.

En el Salvador, bajo circunstancias como las analizadas en la primera parte de este artículo, era lógico plantearse lo electoral como la principal forma de lucha e, inclusive, como la estrategia política para alcanzar el gobierno y desplazar a la derecha fascista y servil de ARENA y sus partidos compinches.   En Guatemala, no obstante la debilidad organizativa que nos caracteriza en la izquierda y los condicionantes del sistema político, lo electoral se impuso como estrategia política per se y a toda costa, logrando no solamente profundizar las divisiones sino hacer de la izquierda una expresión marginal y atomizada.

La debilidad organizativa se empezó a visualizar con la imposición de lo electoral que generó la fracción dominante en la izquierda, haciendo de ésta una acción que llevó a debilitar cada vez más nuestra lucha política.   Esta orientación se plasmó en el freno a la movilización social con supuestas intenciones de no desgastar al otro actor de los acuerdos de paz, la oligarquía representada en un primer momento por el liderazgo autoritario de Álvaro Arzú (1996-2000).  Paulatinamente, el desgaste de esa lógica, la falta de un programa político revolucionario, los conflictos internos irresueltos, las prácticas conservadoras y hasta cómplices –por acción u omisión- con políticas de derecha, la carencia de liderazgo, la pretensión de llevar toda movilización social al ámbito de la “lucha” parlamentaria, la incapacidad para dirigir políticamente, la carencia de recursos económicos, se constituyeron en un conjunto de elementos que hacen imposible pensar en una izquierda capaz de competir por el gobierno en el ámbito electoral, ya no digamos luchar por la toma del poder.   Más allá de los resultados electorales que no pueden sino ser asumidos como un criterio de verdad, la serie de rezagos o desviaciones enunciadas, hacen prever que la izquierda se mantendrá en la marginalidad, desparecerá como organización electoral o se derechizará a tal punto de negociar con fuerzas de derecha como sucedió con la ANN, hoy en franco co-gobierno a la cola con el gobierno de la UNE y Colom, como se concretó con expresiones oportunistas de la mal llamada sociedad civil, o como se expresó en el “voto útil”, que no obstante la declaración pública de “neutralidad” y de dejar en libertad a sus “bases”, se concretó en la práctica desde URNG.

Complementariamente, las condiciones del sistema político siguen siendo las mismas y más profundas.   Sólo quien cuenta con los recursos financieros suficientes, siendo capitalista o vendiéndose al mejor postor, puede participar “competitivamente” en el ámbito electoral.  Es un sistema en el cual la institucionalidad articula (a través del voto, la amenaza o el clientelismo) al mismo tiempo que excluye (como sucede con los Pueblos Indígenas); los valores dominantes son la expresión de falta de ética; las relaciones clientelares se imponen por sobre la búsqueda de una alternativa de solución a los problemas nacionales; se carece de representación de los distintos sujetos y de intermediación de los intereses de las grandes mayorías; la influencia y hasta determinación que ejercen poderes oligárquicos, mafiosos e imperiales.   Todo ello configura un sistema político que garantiza esencialmente la sustitución de unas elites por otras, que impide la participación protagónica de los sujetos histórica y estructuralmente oprimidos, y que garantiza la reproducción del régimen político y económico, el cual es reproducido por el Estado, los partidos políticos y buena parte del liderazgo social y político.  

En esas condiciones y desde una perspectiva revolucionaria, sólo se podría participar sin legitimar el juego de relevo de las elites en el poder, a partir de contar con la capacidad organizativa, con un programa político revolucionario y con los recursos económicos (financieros, humanos, informativos, etc.), algo con lo que evidentemente en la izquierda carecemos todavía.

Con un sistema político adverso –para la izquierda revolucionaria- y sin las capacidades construidas, lo electoral impuesto como principal forma de lucha o como estrategia política sólo retrasa la posibilidad de lograr la articulación y unidad política necesaria, que permitirá lograr la acumulación de fuerzas requerida para librar la lucha electoral y construir y alcanzar el futuro deseado.

De tal manera que, a diferencia de El Salvador, la izquierda en Guatemala tiene tareas pendientes antes de pensar e insistir en lo electoral como la estrategia política.

Sin quitarnos la venda de los ojos, será muy difícil que estemos en la posibilidad real de disputar el poder del gobierno y desplazar a la derecha de su ejercicio, algo que por demás, no puede ser planteado sino en el mediano plazo, que no corresponde a cuatro años o hacia las siguientes elecciones como perspectiva electorera y demagógica.

Seguiremos avanzando en estas reflexiones en la tercera y ultima parte de este aporte para el debate.

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