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Reorientar la industria textil
Por Marc Thibault-Bellerose - Guatemala, 4 de diciembre de 2005

Como se subrayó en un diario matutino nacional, un estudio reciente realizado por la Comisión Económica para América Latina, Cepal, indica que Guatemala se ubica en el último puesto y con una amplia margen, en comparación a sus socios centroamericanos, en cuanto a la atracción de la Inversión Extranjera Directa, IDE. Se observa que mientras Costa Rica consiguió atraer US$585 millones en IDE, El Salvador logró captar US$389, Nicaragua se quedó con US$261 y Honduras atrajo US$195 millones.

Por su parte, Guatemala, país del Istmo con el mercado de mayor tamaño, se contentó de US$125 millones y las muestras de la situación poca favorable a la inversión sobran, como lo demostró una reciente encuesta empresarial realizada por el Banguat, en la cuál ninguno de los entrevistados consideró que la coyuntura era buena para invertir en el país.

Al respecto, algunos sectores de la economía nacional parecen atestiguar de la morosidad del clima de inversión. La industria farmacéutica es una de ello, trascendió que el grupo europeo Sanofi-Aventis cerrará próximamente la planta que tenía en el país, la información periodística al respecto hace ver que de la veintena de empresas de ése subsector que un día se encontraban en el país, ahora solo quedan dos.

La situación no es distinta en otros subsectores que acumulan las malas noticias desde el inicio de este año. La industria textil ha sido una de las más golpeadas. Para entender la importancia de posee esa industria en la economía nacional, hay que recalcar que abarca a 37% de las exportaciones total del país y 68% de las exportaciones no tradicionales. Emplea a 2,7% de la fuerza laboral, pero 74% del empleo manufacturado.

Hace a penas unos días se divulgó la información que entre el primero de enero a la fecha, 48 fábricas de vestuario cerraron sus operaciones en el país, dejando sin empleo a 12 611 personas. Es más, adicionalmente se reportó reducción de personal de 13 205 trabajadores en las demás empresas del sector, con lo que son más de 25 mil empleos perdidos en la industria en menos de un año. En cuanto a las ventas, la exportaciones del producto cumularon 49.3 millones de docenas, mientras que a la misma fecha en 2004 de reportaban ventas de 54.5 millones en comparación al año pasado.

Entre las razones para explicar tal fenómeno, que adquiere mayor agudeza en Guatemala, hay que señalar los altos costos de la energía eléctrica. En efecto, el costo del kilowatio por hora es de US$0,07 en Honduras y de US$0,09 en El Salvador, mientras que en Guatemala asciende a US$0,24. A raíz de esa situación se encuentra la absurda ausencia de regulación del sector y de las distribuidoras en particular, a quién se le garantizan subsidios aunque no presten servicios. El colmo llega cuando se menciona que Guatemala ha vendido a los consumidores salvadoreños energía a un costo menor que en el país.

No obstante el hecho que esta situación pone en desventaja a Guatemala en cuanto a atraer inversión en el sector textil, la razón principal de la decadencia de la industria se encuentra en la eliminación del sistema de cuotas que regía el sector en el ámbito internacional, lo que fue alcanzado a través del el Acuerdo sobre Textiles y Vestuarios de 1995, en el marco de las negociaciones de la Ronda de Uruguay, en la OMC.

Con la finalización del sistema de cuotas, no existen muchos países en el mundo que puedan competir con la industria textil de China. A pesar de tener el doble de los costos de transporte y de necesitar 150% más tiempo a los productos en llegar al mercado estadounidense en comparación a Centroamérica, las maquilas textileras del Istmo difícilmente pueden esperar ganarles mercados. Además de tener tarifas de electricidad alrededor de US$0,03, China posee una red de infraestructura de mucha mayor calidad, lo que hace que a pesar de la proximidad de Centroamérica del mercado más grande del mundo, los tiempos de entrega a menudo no se diferencian tanto.

Sin embargo, el factor de mayor desventaja para la región centroamericana frente a China en el sector textil, se encuentra en los costos de la mano de obra. A pesar de que las maquilas textileras del Istmo no son reconocidas por pagar buenos salarios ni buenas condiciones de trabajo, el costo de la mano de obra sigue siendo 111% más alto que en China. Si se considera que el 75% de los productos de textiles y vestuarios producidos en la región entran directamente en competición con los de China, el porvenir de la industria en la región no es alentador.

Guatemala no es el único país en sufrir con el fin del sistema de cuotas y la subsecuente avalancha de productos chinos. Se estima que en lo que va del año, China a aumentado sus exportaciones de ropa a EEUU, por lo que su cuota de mercado en ése país pasó de 23% a 32%. Otros ejemplos son elocuentes: las exportaciones de ropa de China se disparó de 300% hacía Brasil, de 87% en Argentina y de 55% en Colombia.

Resulta poco probable que la ventajas concedidas al sector en el Cafta, como tampoco el reciente acuerdo bilateral sobre productos textiles entre China y EEUU, que entrará en vigor en enero del próximo año, podrán revertir la decadencia del sector en el Istmo. Frente a la poca probabilidad (y deseabilidad) que Centroamérica pueda competir con China en término de costos de mano de obra, existe sin embargo una solución para el sector.

Una ventaja que podría tener Guatemala frente a China sería de desarrollar el nicho comercial de la “ropa limpia”. En efecto, en los países del Norte se destaca una creciente demanda por productos “libres de explotación”. Aunque se trate de otro sector, un estudio reciente de la Comisión Europea para la Agricultura reveló que 75% de los consumidores estarían dispuestos a comprar banano “justo” si estuviera disponible en su supermercado . Un 37% de ellos estarían dispuestos a pagar un precio de 30% superior por bananos emánente del comercio justo.

En cuanto al vestuario, la Campaña para la Ropa Limpia que se desarrolló en varios países europeos atestigua del potencial del nicho. Además de abrir nuevos mercados, desarrollar tal industria podría propiciar por su definición misma, buenas condiciones de trabajo y salarios decentes, que luego podrían ser reinvertido en la economía y fomentar crecimiento. A la hora misma en que se estrena en el Norte un documental choque que ya hizo escándalo antes de su salida, acerca de las condiciones de explotación en las que viven trabajadoras y niños en fábricas de vestuario asiáticas que abastecen a Wal-Mart, ofrecer un producto “libre de explotación” podría tener cada día mayor demanda.

Fuente: www.i-dem.org - Guatemala, 2 de diciembre de 2005 – Nueva Época número 870


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