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Las rubias
Por Méndez Vides - 1 de septiembre de 2004
mendezvides@itelgua.com

El hábito femenino, y cada vez más masculino, de pintarse el pelo, va de la mano con la costumbre enajenada de los cosméticos y con la intención ingenua de lucir atractivas. Sirve también como un artificio para afirmar la identidad, tal y como ocurre con la moda extremista de los tatuajes en lugares visibles o invisibles. Lo patético es el adocenamiento, porque está bien que una mujer se pinte el cabello de rojo, azul, negro o rubio, porque así le da la gana, pero es lastimoso cuando la mayoría copia el mismo modelo de rubio antinatural. Con agua oxigenada o tintes importados, se impone el mal gusto y se da rienda suelta al desentrañamiento de ese sentimiento absurdo de inferioridad. Pareciera que las chapinas se sienten más a tono con el cabello de oro, tan común en el Imperio; pero que, para ser justos, no es lo que corresponde a la predominante tez morena en un país mestizo.

Se está escondiendo la gracia auténtica de nuestra estética nacional, para tratar de pasar por lo que no se es. Y sin darse cuenta, las mujeres adoptan la burda moda que ha impuesto con cierta fantasía la industria del narcotráfico. Cadenas y pulseras de oro los hombres, y las mujeres con el ombligo al aire, la asfixia de la ropa apretada y el pelo dorado. Remedar al Imperio para hacer el ridículo. Que las mujeres se pinten como quieran, ni modo, pero la preocupación reside en afrontar el origen de tan aberrante ideal. ¿Por qué se toma como patrón de imitación, lo racialmente tan ajeno?

El cine estadounidense, que impera e influye en los gustos mundiales, determina que las heroínas sean rubias, así como las amantes estereotipadas. La apariencia latina es comúnmente reducida a barrios pobres, a mujeres dominadas en ocupaciones domésticas, a prostitutas de mala muerte o a víctimas del maltrato conyugal. El idioma español y la tez morena van juntos en la experiencia de la dominación. Los mexicanos, por su lado, con todo y ser un país latino, también se preocupan por escoger rubias para presentadoras de la televisión, o como modelos para sus telenovelas. En Guatemala, las jóvenes presentadoras de Guatevisión se acaban de teñir el pelo, y hasta parecen felices con su triste nueva facha, despojadas de toda autenticidad.

Es decir, por donde sea nos las muestran rubias, reales o impostadas. Es por lo tanto lógico que, con el tiempo, las jovencitas y cándidos muchachos, nacidos para su desgracia dentro de cuerpos que no van con la moda, deseen parecer lo que no son. Practican el spanglish, usan lentes de contacto para simular ojos azules, están a favor de la guerra en Irak, creen a ciegas en el mercado libre y se tiñen el pelo de rubio. Matando lo propio, no creo que se levante el vuelo ni ganemos medallas en las Olimpíadas, porque la apariencia es después de todo pura superficialidad.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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