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Lobos con piel de oveja
Por Méndez Vides - Guatemala, 4 de noviembre de 2004
mendezvides@itelgua.com

La vida bajo la bota de los gobiernos militares nos enseñó a tener miedo, a aguantar afrentas y abusos, porque el monstruo de la impunidad protege a sus hijos serviles. Las autoridades civiles copiaron el patrón, pero en lugar de asesinar directamente lo hicieron indirectamente, robando a los hospitales y limitando nuestro progreso. La iniciativa privada no se quedó atrás, rápido aprendió, y es por eso que hoy día existen instituciones con piel de oveja que se dedican con licencia a recaudar lo ilícito, sin que nadie los detenga.

Entre las aseguradoras nacionales hay algunas que dan rabia y pena, porque se les ha olvidado el concepto de servicio y se aprovechan de la ignorancia de los “don nadie” para esquilmarlos. Son expertos en cobrar y en dar a firmar contratos con letra pequeña, que los exime de culpas. Un grupo permanente de abogados los asesora sobre la manera para salirse con la suya, ante lo cual qué va a poder hacer el ciudadano común, sin defensa ni poder. La gente acude a estas empresas ante la falta de un servicio público decente que los auxilie en caso de emergencias, pero ojalá que nunca tengan un reclamo porque el albur es grande.

Las compañías que venden el servicio celular son otros demonios, porque hacen lo que les viene en gana y nadie los frena. En algún momento pusieron de moda la costumbre de vender a la fuerza seguros de monto pequeño, que para algunos es una opción valiosa, pero que para otros no, como el servicio de asistencia automovilística a quienes ni auto poseen. Es cierto que les dejan de cobrar a quienes padecen el calvario de ir a exigir, hacen su fila y se muerden las entrañas uno y otro mes, pero el asunto es que se invadió el derecho personal al obligar a un trámite innecesario, sabiendo por el otro lado que siempre existe un regimiento de gente aguantadora, que paga sin saber, que todo lo acepta o que ni siquiera se han enterado de la razón de ser del pequeño cobro que aparece en su estado de cuenta mensualmente. La ganancia está en la suma de los pichones.

Los bancos han sido generalmente instituciones muy serias, en las que los clientes podían confiar. El guatemalteco hasta se comporta diferente al ingresar al santo recinto del dinero. ¿Cómo es posible que algunas de estas instituciones se presten a esquilmar a la gente, aprovechándose de su ignorancia u ocupaciones?

Un individuo sencillo no va a contratar los servicios de un abogado para exigir que le devuelvan la mínima suma robada. Eso le correspondería al Estado. Pero se animará el nuevo gobierno a enfrentar a sus cuates, para pedirles que den el ejemplo de honradez.

Mientras esto sucede, los diputados comen jocotes verdes en el hemiciclo del Congreso de la República, y se surten de tostadas con frijoles. Allí hay un montón de inútiles, que nos cuestan mucho y que no mueven ni un dedo por los suyos. ¿Quién tomará la voz del guatemalteco?

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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