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“Semana menor”
Por Méndez Vides - Guatemala, 9 de noviembre de 2004
mendezvides@itelgua.com

El maistro Quiroa recibió al nacer el “don” fortuito de la sensibilidad, y escogió los colores del arcoiris como idioma y oficio.

Su infancia estuvo poblada por la experiencia de la luz de Chicacao, ese colorido intenso con olor a pájaros, y su juventud fue inflamada por el espíritu revolucionario. Amó a Guatemala hasta el tuétano. Se aprendió sus rutas, los pueblos, las idas y venidas de los arrieros, el paisaje de rostros de piedra en ventanas diminutas y clima frío, los perrajes para el dolor de muelas, los juguetes de ocote. Denunciaba las injusticias mostrando a la gente y sus cosas, sacando de todos lo noble y lo bello. Detrás de cada figura con rostro impenetrable está el misterio de sus pensamientos, el montón de pasiones arrinconadas, la turba de dolores secretos. Maco podía oler el color y sentirle el alma a los vivos y a los muertos.

Aprendió a dominar la técnica y se forjó un estilo particular que lo consagró como pintor. Pero no le bastó. En cada cuadro trazaba una historia, porque él era un contador de historias. Se habrá identificado con los Cuentos de Joyabaj, de Francisco Méndez, autor criollista que supo palpar la vida del chapín anónimo. Así que aceptó el bastón de relevo como relator del pueblo, puesto que por la muerte dejó vacío su antecesor este lugar. En el año de 1984, ilustró la publicación de los cuentos de Méndez y publicó en la misma colección su primer volumen de historias cortas, Semana menor, contadas y dibujadas. Este libro significó una nueva realización personal. Quiroa trascendió la dimensión plana de la pintura, desarrolló la vida y misterio de sus modelos imaginarios, y dotó de movimiento a sus imágenes; lo que los lectores disfrutamos intensamente. Fue como pasar de la fotografía al cine. Después vino el libro del gato viejo, sus columnas periodísticas, y la novela inédita que estuvo trabajando los últimos años, que ojalá se publique como pieza terminada o inconclusa.

La muerte nos lo arrebató antes de que su sensibilidad lo condujera a querer componer música. Es la tristeza de la realidad, que a todo le pone fin. Maconos dejó como legado un amplio conjunto plástico y literario donde cobra vida nuestra nacionalidad, porque muestra de dónde venimos y quiénes somos los chapines. Para su familia, mis condolencias, y, para los compatriotas, la exhortación para que consigan sus libros en ediciones legales o piratas, y lo lean para mantenerlo vivo, disfrutando su intenso derroche de sensibilidad.

Quiroa se nos fue, pero seguirá presente en su obra, tan ingenioso y de buen humor como siempre.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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