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Adiós a las medicinas genéricas
Por Méndez Vides - Guatemala, 30 de diciembre de 2004
mendezvides@itelgua.com

Bien sabemos que ambos están vendiendo lo mismo.

El recuento de los chivos flacos que nos dejó el año viejo es puro optimismo nostálgico, y una nada el inventario de lo que se llevó ante lo que ya se planea tragar el Año Nuevo. El 2005 está amenazando temprano con controlar el movimiento de las medicinas genéricas, lo que suena muy lógico en los países desarrollados, pero que en Guatemala bien podría significar la muerte para muchos. Lo que se percibe no es un pulso entre los laboratorios locales y las empresas estadounidenses que se sienten afectadas por la competencia, sino un asunto muy grave que atañe a la población. Habrá, como en todo, sus bemoles, pero lo que más preocupa es la posición de los enfermos. En este país hay gente que prefiere morirse antes que empeñar su patrimonio o vender su cuerpo para comprar unas gotas de salud.

El precio tan alto de los medicamentos no tiene explicación en los países pobres, aunque seguro que sí la tiene en otras latitudes. Basta con aproximarse a las farmacias y ver los precios de algunos productos para sorprenderse. Una X medicina para los riñones de marca cuesta Q325, cuando el genérico en las Farmacias Similares se obtiene por Q65 y hasta en Q15 en las de Proam, el Programa de Accesibilidad de medicamentos del Ministerio de Salud. Las diferencias son gigantescas, y tómese en cuenta que muchos de estos genéricos son fabricados en la India o Portugal, por lo que no sólo atraviesan el océano sino que todavía dejan algún margen de utilidad a los farmaceutas que las comercian.

La red del negocio de las medicinas es intrincada y negra. Hay médicos cobrando comisiones a los laboratorios por recetar más de una u otra medicina, aunque existan equivalentes exactos a precios más accesible. Los negocios con el Estado han sido proclives a la corrupción, por lo de las mordidas y prebendas.

La obligación del gobierno es facilitar la salud de los habitantes, pero también tiene que jugar política. Por un lado están los gringos presionando, amenazando con negarnos el ingreso al TLC si no pagamos las medicinas como que si fuéramos alemanes o australianos, y por el otro está la población impedida a pagar los descorazonadores precios impuestos. Los laboratorios locales también están estirando el juego para su propio beneficio. La pregunta es, ¿quién se preocupa por los enfermos? “Para sabio, Salomón”. La actitud estadounidense suena como a una extensión de su estado guerrero, porque no sólo se mata tirando bombas en Irak. De acuerdo, que se dé exclusividad a los laboratorios para impedir que surjan falsificaciones y productos pirata de dudosa credibilidad, pero que los imperios de la droga se tienten el alma y pongan precios justos. El problema reside en la abismal diferencia entre unas medicinas y otras, cuando bien sabemos que ambos están vendiendo lo mismo.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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