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Salvar las escuelas
Por Méndez Vides - Guatemala, 13 de enero de 2005
mendezvides@itelgua.com

Lo lamentable es la ausencia de un mensaje intelectual de fondo.

La falta de un apropiado sistema de educación nos ha conducido al borde de la brutalidad. Los actuales graduandos son incapaces de progresar, llegan inútiles a los empleos donde se comportan como lelos, como provincianos sorprendidos en la urbe, porque no son capaces de resolver problemas, de discernir, de entender un sencillo formulario. Aquí las instrucciones hay que darlas habladas y explicadas con parábolas. Para no ir tan lejos, fíjense en los empleados jóvenes en las agencias bancarias, ante ellos crecen interminables las filas y lleva horas aclarar asuntos muy sencillos, con consultas, cambios de puesto, o las excusas del tradicional “no se puede” del aparato represor o el “no hay” de las tienditas de barrio. Pero lo peor es descubrir que ni el empleado entiende de lo que se está hablando ni el cliente sabe qué está preguntando. Hay gente que aguarda en fila para que le llenen el formulario de depósito de ahorro, y empleados que escriben muy lentamente, revisando para estar seguros, casi echándole saliva al puntero del lápiz en un verdadero ejemplo de involución.

El Ministerio de Educación se ganó el aprecio de la población el año pasado, cuando se planteó la meta de salvar el primer grado. Indicando un compromiso para recuperar paso a paso el grado de civilización perdido. También se le aplaude rechazar las demandas de los diputados podridos, que quieren hacer valer su “supuesta influencia” para que les den plazas de maestros a los chambrosos que los apoyaron en sus campañas como guardaespaldas o zalameros, y que son unas piedras. Magnífico que los manden a dormirse en los laureles de su curul.

Lo que no se entiende es qué pretende ahora el Ministerio haciendo tanta alharaca con esa campaña fastidiosa sobre el remozamiento de las escuelas. Más parece política de imagen del gobierno, o un nuevo traslado de la responsabilidad de la educación a los padres de familia, en una acción que se anuncia como privatizadora. La meta es superficial para darle la bienvenida a los estudiantes en un ambiente sin monte, sin escritorios rotos apilados en cualquier parte, con paredes pintadas y demás asuntos que competen al Ministerio. Lo lamentable es la ausencia de un mensaje intelectual de fondo, porque no se estudia sólo para tener más cosas y vivir bajo mínimas condiciones de higiene, sino para ser más libres y entender mejor el mundo que habitamos. Los modelos emblema son nuestros deportistas, aunque generalmente no sean ellos los alumnos más brillantes. Para arreglar nimiedades basta con la participación directa de los maestros y su comunidad. Una campaña publicitaria debe de ir más allá, porque no se trata de gaseosas. Es necesario saltar de las buenas intenciones al planteamiento de ideas. ¿Cuál será la genialidad que impulsará el actual gobierno para que estudiantes y maestros deseen aprender?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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