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Dame más reguetón
Por Méndez Vides - Guatemala, 5 de mayo de 2005
mendezvides@itelgua.com

La música era una erupción brotando de los altavoces

Era un mediodía sulfuroso. Caminé por el enredo de subidas y bajadas de las callecitas de Tegucigalpa, mordiendo el polvo y evitando con la mano la infamia del sol. En los pocos aleros con sombra se apretaban los puestos de venta de celulares y jocotes verdes. Recuperé el aliento en la Catedral, donde busqué un respiro. Los muros blancos estaban siendo reparados. Me fijé en los fieles, todos viejos, y en el cura que dirigía al fondo una especie de cursillo protestante, indignado por el ruido de los altavoces en la plaza clamando por más gasolina, ese ritmo que animaba los movimientos de cuchara de los albañiles encaramados en los andamios. Salí por la puerta principal, buscando el falso monumento de Morazán, cuando apareció el pelotón de soldados o fuerzas elite de la Policía, con trajes manchados de gris y negro, chalecos antibalas, cascos y máscaras antigás, que se dirigían hacia la Calle Peatonal para dispersar una manifestación de estudiantes de secundaria y universidad en oposición al TLC. Detrás iba la turba, una masa de gente de todas las edades, lustradores enclenques, comerciantes desocupados, amas de casa, niños con la ropa raída, todos felices y emocionados, preparados para presenciar el momento de los cuentazos. Yo los acompañé unos metros, por curioso y pendejo, hasta que entré en razón y me detuve frente a la tarima donde desfilaban los artistas. Una niña en paños menores acababa de lucir sus destrezas en el baile de la gasolina, y el turno fue para una pareja de adolescentes, uno negro como el carbón y el otro un mestizo común y corriente que hablaba más y gritaba más para sobresalir. En la consola pusieron la pista musical y los dos cantantes se afanaron en la historia de la muerte de su madre, felices porque al fin se había ido la vieja. Eran dos de esos tipos que quieren ser cantantes, que tienen el atrevimiento pero no la voz, así que su destino será otro, tendrán que resignarse y dedicarse a los oficios vulgares. Pero esa mañana se sentían iluminados.

La música era una erupción brotando de los altavoces. Las voces reclamando la muerte de la madre ocultaron el sonido de los bastonazos contra los estudiantes. Al terminar la intrépida y patética intervención, un clásico locutor de radio tomó el micrófono. Dijo que era un gusto ver que todavía existían jóvenes con valores, que en lugar de andar pensando en drogas y sexo se dedicaban al arte, a cantar, a componer música o leer un libro. Envió su mensaje típico a la concurrencia y anunció a otro artista, un muchacho de anteojos que subió nervioso a encontrarse con la fama. Los espectadores aplaudieron. Yo pensé en lo confuso de la actualidad, porque ahora el Papa es un hombre de negocios y Fidel Castro un moralista a quien disgusta el ritmo y las líricas del reguetón, talvez porque es una música tan ruidosa que tapa los vicios del sistema.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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