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Reinas de belleza
Por Méndez Vides - Guatemala, 9 de junio de 2005
mendezvides@itelgua.com

El asunto se asocia con la promoción del placer

¿En qué cabeza cabe la absurda idea de proponer a Guatemala como sede para el próximo concurso mundial de belleza? Supongo que todo se debió al comentario desvelado de algún funcionario ingenuo de turismo, quizá de los mismos que se gastan el presupuesto de la institución en una campaña refinada y sofisticada para convidar a una estrecha minoría chapina (los únicos que entienden de símbolos y refinamiento) a visitar el alma de la tierra, sus cascadas y ríos, sus esquinas paradisíacas donde no asaltan ni violan ni nadie se muere de hambre.

El asunto de la belleza se asocia con la promoción del placer. A la mujer se la divide en cuerpo, cara, pechos, cadera, piernas, cabello y todo lo que dispongan los jueces como atributos estimulantes a la vista. A las niñas se las ve caminar vestidas y desvestidas, dando vueltas, haciendo piruetas y el ridículo al hablar, porque salvo algunas excepciones las mujeres que se prestan a tales desvergüenzas no destacan por brillantes. Si han leído de casualidad un libro, seguro será de Paulo Coelho o confunden como tales las revistas de salón de belleza llenas de fotos o el catecismo.

Televidentes de todo el mundo apreciaron la semana pasada el desfile del ganado femenino escogido de muchos rebaños, aprendiendo así cuáles son las medidas y la voluptuosidad que establece el canon. Las jovencitas se pasearon por la pasarela mostrando la carne sin ningún pudor, como en una taberna del bajo mundo aunque salvaguardada su honra por lo “mundial” del acontecimiento. Los jueces las miran puntillosamente, pero en lugar de dar vueltas alrededor de la res son ellas las que giran, se cambian de ropa, lucen el bikini, se anuncian como carnada para un espacio en la revista de las conejitas y se exponen al escrutinio de la humanidad. A las vacas se les revisa la dentadura y se las palmea buscando las entrañas, pero a las mujeres se las reduce al deleite de la vista. La participante que más se acerca a los parámetros del show business es proclamada como la más bella, la más deseada por los hombres del planeta, el mejor prospecto para las revistas de moda o para debutar en el cine porno.

De Guatemala participó una jovencita que se inventó como traje nacional un plumaje de carnaval brasileño con una pirámide maya en la cabeza y otra invertida para taparse la intimidad. Chula la niña, pero no representaba nuestra belleza, porque aquí la mayoría de mujeres son discretas y ocultan la carne bajo los largos cortes étnicos. No se andan exhibiendo en público y su belleza es diferente, ajena a las voluptuosidades del cuerpo, más asociada con la expresión, con los modos, con el poder de hablar sin palabras y la fortaleza de cuerpo y espíritu para sobrevivir. Debajo de sus ropajes está la carne que igual seduce y se pudre bajo la tierra, protegida como un secreto.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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