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¡Sálvese quien pueda!
Por Méndez Vides - Guatemala, 21 de julio de 2005
mendezvides@itelgua.com

Vivimos como en las películas de vaqueros: ¡Sálvese quien pueda!

El Apocalipsis ya llegó, comentan los más atribulados por los asaltos y la violencia. La inseguridad campea como nunca. Las fuerzas de seguridad parecen de adorno ante los malhechores, porque un desempleado se las arregla un tiempo con los ahorros apretándose el cincho, otro tanto con lo que le prestan los familiares, otro poco más con lo que logra rascarle a los amigos, hasta que se acaba toda esperanza y le aparece en la mano un cuchillo. Mientras no se resuelva el asunto del sustento de las mayorías y la posibilidad de empleo, no se resolverá la crisis. Metiendo a la cárcel a los desesperados no se gana nada. El Gobierno actual parece impotente para resolver las Siete Plagas, mientras las sectas religiosas se multiplican reconfortando a las víctimas con la ilusión del reino de Dios que no está en este mundo.

Vivimos como en las películas de vaqueros: ¡Sálvese quien pueda! Las condiciones son propicias para la asociación y ayuda entre vecinos, para levantar murallas y cavar fosos donde naden y se asoleen los cocodrilos. Pero no lo hacemos por nuestra incapacidad para organizarnos. El ejemplo de Tikal 2 en la zona 7 es una muestra clara de lo que sucede en Guatemala, donde la población no puede caminar en una misma dirección, debilidad que aprovechan los maleantes. Un barrio de clase media es asolado por los mareros, robacarros y narcotraficantes, y los vecinos deciden organizarse para su defensa. Cierran las entradas con talanqueras y garitas, contratan guardias de seguridad, participan en los patrullajes y contienen el avance de los indeseables. Entonces surge el “pero”, porque no todos los vecinos se involucran en la organización, porque no están de acuerdo con pagar la cuota exigida ni quieren patrullar, o porque les cae mal el líder que está dirigiendo el asunto, o porque se desconfía de quien maneja la plata, o porque no quieren. Los que mandan les empiezan a hacer la vida imposible a los independientes, les dificultan el ingreso a sus viviendas, los hacen enojar e incomodan a sus visitantes. Unos se justifican moralmente por los buenos resultados y el bien común, pero los otros prefieren a los mareros antes que vivir bajo una tiranía. Los habitantes de tal colonia perdieron la guerra contra el enemigo en su propio territorio, peleándose entre ellos. Un día viernes un grupo de personas encapuchadas, armadas con piochas, palas y armas de fuego, recuperaron el paso libre, destruyeron la talanquera y una pared que sellaba el callejón, digamos que se independizaron. Los que sí caminan juntos son los maleantes, porque son disciplinados y pagan su derecho de ingreso a la banda, así como los impuestos.

Los demás vivimos tan fraccionados que dejamos que nos roben los políticos, los niños, cualquier transeúnte y los mismos guardias que contratamos para que nos protejan.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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