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Desde la cárcel
Por Méndez Vides - Guatemala, 18 de agosto de 2005
mendezvides@itelgua.com

El asunto reside en la insatisfacción, en la falta de empleo.

Los sucesos impresionantes ocurridos esta semana en las cárceles del país no son un hecho aislado, sino un reflejo del estilo de vida imperante en nuestra patria. Asombra que esto suceda entre pandilleros detenidos y vigilados, porque ello cobra una importancia épica, de ejércitos perfectamente organizados y de civiles tomando bandera, donde el martirio se luce y exhibe de manera siniestra, y donde las fuerzas públicas de seguridad se rinden impotentes. Lo terrible es que en las calles ocurre lo mismo todo el tiempo y con más crudeza, y que nuestra vida emula cada día más la sensación de habitar en una cárcel. Los guatemaltecos hemos aprendido a vivir en islas. Las colonias van cerrando las puertas al libre tránsito. Agentes de seguridad incontrolables y sin preparación, se nutren del miedo y de la falta de confianza en la Policía para obtener empleo. Por un lado están las maras, que viven en una realidad paralela, y en la otra está una masa de sobrevivientes que deben encerrarse en sus hogares o sus barrios para pasar la tormenta, confiando su seguridad a otros hombres armados que justifican sus ingresos con el terror. Para estas personas, estar del lado de sus protegidos o del lado agresor es un asunto de conveniencia o de desesperación. La paz significaría el desempleo para esa inmensa cantidad de gente que no sabe hacer otra cosa, sino vestir uniformes patéticos y mostrar las escopetas o el revólver a sus congéneres.

Salir a la calle hoy día significa transitar entre enemigos. Los guatemaltecos tenemos que encerrarnos, vivir alertas, imposibilitados a la experiencia de la libertad. Cada día se anuncian nuevos “estados libres”, como en las películas del viejo Oeste norteamericano, donde los habitantes resultan presos en sus propios dominios. Expulsados de sus hogares. Víctimas del desorden social.

Nuestro Presidente, desde Taiwán, se congratuló porque no hubo fugas en las cárceles, aparte de los cadáveres, supongo; pero lo mismo ocurre con todos nosotros, porque seguimos prisioneros, imposibilitados a la fuga.

¿Cuándo va a terminar esta pesadilla? La violencia no se resuelve con más violencia, porque el enfrentamiento agita más el problema y produce olas. El asunto reside en la insatisfacción, en la falta de empleo, en la educación nula, en la imposibilidad de la masa para desempeñarse en actividades útiles y rentables. Para salir de la trampa se necesita decisiones revolucionarias, más sentido social por parte de los empresarios y su sacrificio económico, o la violencia nos va a extirpar a todos como moscas.

Los políticos corruptos sentaron la base del atraso económico, hicieron del Estado un negocio lucrativo y despojaron a la patria de su riqueza. Avalarlos y conformarnos con llevarlos unos días a la cárcel, es exponernos a que se rían de nosotros y se lleven nuestra riqueza al infierno.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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