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Independencia de los Altos
Por Méndez Vides - Guatemala, 22 de septiembre de 2005
mendezvides@itelgua.com

El riesgo de perder al Occidente como a Chiapas.

Nuevos brillos está cobrando en la actualidad el espíritu independentista del Estado de los Altos. A lo largo de la historia se han sucedido varios conatos de rebeldía colectiva, porque los habitantes de Quetzaltenango y sus alrededores no se sienten parte de Guatemala. Hay diferencias étnicas y culturales, y una carretera escarpada por el Altiplano que sólo se arregla de vez en cuando para taparle el ojo al macho, o una vía larga por la Costa Sur. Recordemos el accidentado caso del Ferrocarril de los Altos, obra gigantesca de ingeniería en su tiempo que apenas duró tres años, y que Ubico mandó destruir, convertir en leña los vagones, quemar las baterías, utilizar los rieles para el posteado eléctrico, cuando la Municipalidad de Quetzaltenango tomó el control luego del temporal que dañó algunas partes, cuando estaban arreglando la vía con el propio dinero de los ciudadanos y trabajo voluntario. Al día de hoy sigue siendo más sencillo desplazarse desde esta capital hacia El Salvador que hacia Xelajú, San Marcos o Huehuetenango. Nuestro Occidente ha estado siempre relegado, salvo para el tiempo electoral porque en dicha región se concentra la mayoría de los votos. Así que cada cierto tiempo, cuando la bonanza económica vuelve a aparecer en la zona, se les mete a los chivos el deseo de separarse totalmente del país al que no terminan de integrarse.

En fechas recientes hemos observado la manera impresionante como los pobladores de la región se organizan para defender sus conquistas, como el caso del agua. Y es ejemplar la comunidad de Almolonga, el huerto donde se trabaja los siete días de la semana y se producen las verduras que se exportan y reparten por toda nuestra geografía. Frente a la mayoría de las casas se aprecian camiones estacionados, picops y cajas de embalaje. Hay riqueza y está surgiendo una nueva arquitectura urbana, de casas que van para arriba, con fachadas similares, barandas de cemento y azulejos en las paredes. Almolonga tiene personalidad y una organización admirable, como la realizada para trasladar el agua que nutre los huertos, una obra de hormigas, sin la presencia tutelar de un Estado represor.

Quetzaltenango está progresando con su plaza central remozada. El Palacio Municipal iluminado, la biblioteca en un extremo, el Banco de Occidente deslumbrante y el Pasaje Enríquez revitalizado. El esplendor de Xela se le ha metido a los chivos en la sangre, y para las fiestas de la Independencia tapizaron su ciudad con la bandera azul, blanco y rojo del Estado de los Altos. Un atrevimiento que en los tiempos de Ubico les hubiera significado persecución y muerte. Nuestra Guatemala no aprende la lección, al no integrar a sus ciudadanos los aleja. Así perdimos Chiapas, Belice y una parte con El Salvador. ¿Se perderá el Estado de los Altos?

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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