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“El hombre de Montserrat”
Por Méndez Vides - Guatemala, 11 de octubre de 2005
mendezvides@itelgua.com

El año que me graduaba de bachiller llegó a La Antigua un grupo de profesores de la Usac a comentar la obra de Miguel Ángel Asturias, entre quienes se encontraba un tal Dante Liano.

El año que me graduaba de bachiller llegó a La Antigua un grupo de profesores de la Usac a comentar la obra de Miguel Ángel Asturias, entre quienes se encontraba un tal Dante Liano. Yo estaba en primera fila, atento y feliz por el acontecimiento.

Dante llevaba el pelo largo y alborotado, un saco ocre, la camisa deportiva y un par de lentes gruesos, tipo culo de botella, que le desorbitaban la mirada. Habló con gran pasión, pero modulaba más suave y fino de lo que uno hubiera supuesto, y entre amigos lo reconocimos como el autor de los cuentos transgresores de: ¿Qué pasa calabaza?

Luego, lo frecuenté en la Universidad, donde el pelo se le fue contrayendo y marcando el gesto serio y adusto que lo acompaña desde entonces. Nunca fui su alumno pero lo buscaba para hablar de libros y de sueños. Un día llegué a despedirme porque me iba del país para toda la vida. Escogí Francia como destino porque andaba despistado, tanto así que quise repetir el trayecto en barco de Gómez Carrillo y Cardoza.

Craso error. Dante trató de hacerme recapacitar porque los aviones eran ya el medio más común, y me preguntó si estaba dispuesto a “todo, todo”, y yo creía que sí, y así lo afirmé. En esos años, Dante manejaba un auto corinto gigantesco, de esos lujosos motores americanos que tosían gasolina, a pesar de su estilo personal tan discreto. Me marché según lo anunciado, pero resulté en otra parte y regresé muy pronto, con un libro de cuentos entre las manos que se publicó gracias a la intervención de Dante con los editores, quijotes que no me conocían, en un hecho que cambió mi vida para siempre.

Liano se marchó apenas pudo e hizo su vida en el país con forma de bota. He leído todos sus libros, y el que más me gusta es El hombre de Montserrat, novela que recién publicó la Editorial Piedra Santa. Basta repasar las primeras páginas para que vuelvan a la memoria los olores, colores y sensaciones de los años duros, cuando a la vuelta de la esquina llegaban las tanquetas a destruir los reductos de la insurgencia. Pero lo curioso de esta novela es que aunque lo que se narre revive una época terrible, lo hace con humor, porque uno se ríe y disfruta el argumento. Dante eligió como personaje a un militar que demuestra que el chapín antepone los intereses de su familia a cualquier compromiso ideológico o fidelidad laboral, porque primero están los nuestros, por quienes estamos dispueºstos a enfrentar cualquier castigo, aunque después se descubra que el sacrificio no tenía justificación porque se fue víctima de la fatalidad y del fuego cruzado en una guerra interna que nos arrastró al paroxismo.

¡Qué bueno!, por fin apareció la versión nacional de esta novela, y con la ventaja de la autenticidad que disfrazó la edición mexicana, porque ahora las calles sí son las nuestras, el paisaje corresponde al de nuestras ciudades, y sólo quedaron ocultos los nombres de los protagonistas del escenario político, a quienes todos podremos reconocer se llamen como se llamen en la ficción.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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