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Monumentos copiones
Por Méndez Vides - Guatemala, 17 de noviembre de 2005
mendezvides@itelgua.com

Los chapines somos así:
bárbaros y cursis.

La Torre del Reformador es un monumento patético, una copia diminuta y tardía de la torre parisina y, sin embargo, simpática. También tenemos nuestro Obelisco, aunque sin un Napoleón detrás ni la memoria de batallas o gestas militares victoriosas, porque nuestros monumentos no poseen tal simbolismo, sino son apenas reproducciones ampliadas de los ‘souvenirs’ chiquititos que trajeron nuestros presidentes de sus viajes, o que les llegaron en paquetitos para Navidad, enviados por sus hijos y entenados desde Europa.

Estrada Cabrera construyó por toda nuestra geografía los templos de Minerva, donde reunía a la juventud estudiosa, con zapatos prestados y uniformes de cadete, para que le celebraran su cumpleaños. Queda en pie el de Quetzaltenango, los restos en Barberena y vestigios por todos lados. Los muchachos revolucionarios de mediados del siglo pasado se encargaron de demoler las inmensas columnas del templo de Minerva capitalino, porque les recordaba las barbaridades del tirano, pero respetaron la chatarra de nuestra torre Eiffel, talvez porque era nueva o porque les gustaba, porque así somos los chapines, bárbaros y cursis. En homenaje a Justo Rufino Barrios se erigieron centenares de bustos de mármol, bronce o yeso, que se colocaron en los parques o plazas cívicas, por donde pasaban marchando los muchachos estudiantes para las fiestas de la Independencia. Se le ponía flores, ondeaban enfrente el pabellón nacional y hacían el saludo uno, con sus kepis calentándoles la cabeza. Los declamadores rebeldes de la escuela, en actitud transgresora, declamaban los versos de Ismael Cerna atacando al gobernante frente a su tumba, para atrapar a la concurrencia con el perdón final, porque a pesar de la cárcel y de las injurias “no olvido que un día quisiste engrandecer la patria mía, y en nombre de esa patria te perdono”. Hoy día ya no se encuentran por ningún lado las estatuas del personaje bigotudo que nos enseñaron a honrar sin convicción los maestros, las retiraron los gobiernos civiles, los mismos que quitaron la obligación de los desfiles del 15 de septiembre, aunque los colegios nostálgicos no se dejen porque a la muchachada le encanta disfrazarse de chafarotes y a las chicas lucir sus trajes diminutos de batonistas, mostrando las piernas estiradas y frescas dentro de las medias Corazón, color verano. Los monumentos que nos dan identidad son anteriores a nuestra historia independiente, como las ruinas de la civilización maya o los edificios religiosos de la Colonia española. No tenemos nuestro arco del triunfo, porque la única guerra experimentada fue interna, la que nos desangró, y un monumento a la paz negociada no suena convincente, por eso se ideó lo de las manos de ánimas en pena en el antiguo palacio nacional, que nos recuerdan el horror de las fosas comunes, y es altar antes que monumento.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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