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“La saga de los Doninelli”
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 15 de marzo de 2007
mendezvides@itelgua.com

En los años de José María Reyna Barrios, el mandatario que quiso convertir a Guatemala en una réplica de París, vinieron algunos italianos huyendo de la crisis que se desató tras la muerte de Garibaldi. Eran aventureros decididos a lograr con mucho trabajo y esfuerzo la realización de la fortuna que les estaba vedada en su propia patria. Aquí todo estaba por hacerse, y nuestro Presidente era un progresista enamorado de Europa. Antonio Doninelli desembarcó en el Puerto de San José acompañado de uno de sus hijos. Había dejado atrás a la esposa coja por quien aprendió el oficio de artesano en la decoración de monumentos, y cinco hijos, con la promesa de que enviaría por ellos en dos años. En Guatemala encontró trabajo, buen clima y la generosidad de quienes lo ayudaron. Abrió un taller próspero, decoró la casa de Gobierno, y en tiempos de Estrada Cabrera edificó el Templo de Minerva, que fue dinamitado en los años de la Revolución para borrar la memoria del dictador.

Las peripecias prolongaron la venida de la esposa, quien se unió al marido bajo pena de abandono si se rehusaba, llevando a dos y abandonando a tres hijas que les seguirían años más tarde. Tres niñas que sobrevivieron en condiciones infames, dedicadas a trabajar en el enhebrado de los hilos del gusano de seda, al cuidado de una tía ebria que pobló su infancia de cariño y miedo. Un día fueron llamadas a emprender el viaje, y las tres pequeñas cantantes aprendieron a escapar de los horrores de la tercera clase poblada de ratas en el barco, cautivando a los pasajeros con su talento musical. Una de ellas, Inés, es un personaje de novela con final triste, que regresó adolescente a Milán persiguiendo la fama que se esfumó al arruinarse las cuerdas vocales por descuido, teniendo que volver a Guatemala con los sueños truncos para siempre.

En La saga de los Doninelli, obra escrita por Consuelo de Aerenlund, nieta de don Antonio Doninelli, encontramos no solo las maravillosas anécdotas de la familia de inmigrantes que eligieron a Guatemala como patria voluntaria, sino un cuadro extraordinario de lo que era nuestra patria a finales del siglo XIX y principios del XX. Las niñas Doninelli se vistieron en Italia con retazos de los trajes de la esposa de Reyna Barrios, que se subastaron tras el magnicidio, y que el padre mandaba a sus hijas. Ya aquí, algunas se casaron con inmigrantes italianos, como el fotógrafo Valenti, o uno de los hermanos herreros Tinetti, que guardaron prisión por dos años tras el atentado contra Estrada Cabrera, porque el hermano menor, Albino, fabricó la caja para poner la bomba que detonó sin éxito en el carruaje del mandatario, y que ingenuamente llevaba impreso el sello de Talleres Tinetti.

La lectura del libro es deliciosa, casi una novela sobre inmigrantes que escogieron esta tierra para hacer fortuna, y presenciaron el surgimiento de nuestra nación independiente. Existe una edición en inglés y la traducción al español fue impresa en México, en Ediciones el Tucán de Virginia. Para lectores o libreros interesados en esta obra singular, adjunto la dirección electrónica de la autora consuelo@aerenlund.net

Fuente: www.elperiodico.com - 060307


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