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García Márquez y Rulfo
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 19 de abril de 2007
mendezvides@itelgua.com

El aniversario de Cien años de soledad está dando lugar a cientos de comentarios y reconocimientos...

El aniversario de Cien años de soledad está dando lugar a cientos de comentarios y reconocimientos, lo que nos remonta a la pequeña novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo, cuya lectura fascinó a Gabriel García Márquez, quien descubre en Comala la necesidad de crear Macondo, y cambia el páramo seco y yerto del desierto mexicano, por la exhuberancia de la selva caribeña en las costas del Atlántico. A la tristeza de los muertos en la ciudad fantasma de Rulfo, les pone vida en poblados que crecen por la reproducción masiva y la constante inmigración de gente que viene del otro lado del mundo; porque su obra cumbre no escarba en la magia del mundo indio, como lo hizo Miguel Ángel Asturias en los mismos años, sino en el mundo de los colonos, españoles blancos, turcos, libaneses y europeos que llegaban a la selva huyendo de la civilización, aferrándose a lo nuevo, a la vida y una nueva oportunidad. La obra cumbre de García Márquez es una historia común en nuestro idioma porque expresa el sentido del trasplante, de gente soñadora, de sobrevivientes en un mundo nuevo.

Es una maravillosa novela de europeos en América, de los expatriados de antaño, aferrados al ensueño del Quijote.

En Pedro Páramo está el final de una época, significa el punto final a la novela rural, contiene la memoria borrosa del pasado de caciques aprovechadores que supuestamente borró la Revolución mexicana (aunque evolucionaron hacia la figura del empresario), lo que trajo como consecuencia su venganza en el campo, se cruzaron de brazos para que los pueblos desaparecieran, obligando a que emigraran los jóvenes a las urbes próximas y se acabara la vida de los poblados que giraban alrededor de las haciendas. En Cien años de soledad sucede de manera diferente, en Macondo está el germen del crecimiento, son poblados agobiados por las guerras y las envidias, pero crecen y crecen como la hierba en tierra fértil, afectados por el progreso, los barcos, el ferrocarril de la Bananera, el comercio y las barracas de las prostitutas. Es imagen de vida, mientras en Rulfo predomina el signo de la muerte. Ante el pesimismo de Rulfo, Márquez impuso el optimismo, y a lo escueto y desolador del mexicano, propuso una identidad maravillosa y mágica. El genio del novelista colombiano ya se había comprobado cuando escribió El coronel no tiene quién le escriba, viviendo en París y en los mismos años que Rulfo publicaba en México su Pedro Páramo, pero no fue sino hasta luego de la lectura de esta pequeña obra maestra que pudo madurar su novela cumbre.

Un homenaje a Cien años de soledad exige reconocimiento simultáneo a Pedro Páramo.

Fuente: www.elperiodico.com - 170407


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