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“Caballeriza”
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 8 de mayo de 2007
mendezvides@itelgua.com

La novela más reciente de Rodrigo Rey Rosa expresa a la cabalidad ese espíritu de testigo que encontramos generalmente en su obra

La novela más reciente de Rodrigo Rey Rosa expresa a la cabalidad ese espíritu de testigo que encontramos generalmente en su obra, porque el protagonista es siempre un observador, alguien que presencia los acontecimientos sin contaminarse, que es parte y no del mundo descrito, porque vive en la Tierra pero es de Marte.

En Caballeriza lo logra con gran talento, porque recurre a la primera persona gramatical para darle a la narración verosimilitud, porque pareciera que lo que cuenta es cierto, que así ocurrió, que hubiera sido posible.

El protagonista es el mismo autor, se llama como el autor y es un escritor que se desenvuelve en un país pequeño llamado Guatemala, que se codea con una fauna poderosa, privilegiada, donde lo que manda es la plata, el poder, la pantomima de los guardaespaldas y el patetismo de los trabajadores disfrazados de andaluces en un show de caballos de sangre pura.

En un primer capítulo magistral conocemos al protagonista y su medio, cuando acude acompañando al padre anciano a un festejo hípico; resignado, presencia el show y aguarda con paciencia la hora del almuerzo, mientras se fija en los modos de los abogados, vendedores de seguros, agricultores y empresarios que van llegando al ágape.

Él es el raro, a quien interesan cosas muy distintas a las que agradan a los demás. Algunos lo felicitan por sus libros, aunque no los hayan leído. Y un abogado quiere animarlo a que cuente la historia de lo que allí ocurrió, porque al terminar el acto se escucha un disparo y un caballo lujoso perece cuando la caballeriza se incendia.

Rey Rosa es un autor impecable, cuidadoso del lenguaje certero, a quien parece que no le gusta que sobren oraciones, y todo el tiempo nos sorprende dentro de los linderos de lo creíble. Esta es una novela que en su primera parte plantea una perspectiva de Guatemala, con un cuadro social espeluznante, patético y bárbaro.

A los extranjeros les podrá parecer una película de narcotraficantes, cuando lo que se muestra es una reunión social del grupo dominante, donde la barbarie está justificada por el derecho a disfrutar de las posesiones, a la herencia, y donde los patriarcas tienen el poder de castigar a los propios sin que se sepa fuera de los límites del hogar. El protagonista resulta embarcado en una pesadilla, y al final peligra, porque ser testigo implica resultar involucrado.

La novela se lee de un tirón, muy rápido quizá. Y al final nos queda el saborcito amargo en el paladar, porque el autor sabiamente no vierte moralejas ni nada por el estilo, solo muestra el horror de la violencia pasional, en un rincón del mundo, en una finca como hay muchas.

Fuente: www.elperiodico.com


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