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“Sentimiento de culpa”
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 24 de julio de 2007
mendezvides@itelgua.com

En los años setenta me cautivó la novela Los albañiles de Vicente Leñero, y luego La gota de agua, El evangelio de Lucas Gavilán y tantas obras suyas que aparecían año con año.

En los años setenta me cautivó la novela Los albañiles de Vicente Leñero, y luego La gota de agua, El evangelio de Lucas Gavilán y tantas obras suyas que aparecían año con año. De repente, dejó de publicar, pero su estilo e imaginación permanecieron en mi memoria como una referencia fundamental de la literatura mexicana.

Tras 15 años de estar absorbido por el periodismo y el cine, Leñero reapareció al final del milenio pasado con una novela extraña, La vida que se va, donde una anciana recluida en su casa de la colonia Roma se la pasa considerando lo que pudo haber sido su vida si en un momento dado su decisión hubiera sido otra.

Tras el retorno se hizo aún más popular con el guión de El padre Amaro, y su posterior versión novelesca a partir de la obra de Eca de Queiroz. Pero lo más extraordinario de su regreso es la reciente colección de relatos “de la imaginación y la realidad” que tituló Sentimiento de culpa.

Se trata de 16 historias que seguro escribió a lo largo de sus años de silencio, en donde se nos muestra como si jamás se hubiera desprendido de los años felices, quedado congelado en el tiempo y reducido su panorama al de las letras, las librerías, la ciudad de México y sus amigos, los escritores famosos de entonces.

Leer sus narraciones es como regresar a un México que ya no existe, el de la calle Miguel Ángel de Quevedo repleta de estudiantes y exiliados de Latinoamérica, sin la estación del metro que pervirtió de progreso el ensueño, tomando un café en la librería del Ágora frente a Insurgentes, acudiendo a teatros repletos de barbudos enamorados de la imagen del Che.

Un libro que podría parecer escrito para ser leído por escritores o nostálgicos, pero que a medida que avanza logra conmover a cualquiera, porque los nombres famosos pasan a ser invenciones, aunque una historia sea pura ficción y la siguiente un relato memorioso de su verdadero contacto con el poder en una ciudad gigantesca que se come a cualquiera.

En Sentimiento de culpa, como lo dice el título, se percibe “la culpa” como un cuchillo que se nos mete en el estómago. Los protagonistas resultan culpables de desgracias y crímenes originados a terceros en su cansancio o capricho, y el narrador aparece achicado, aplastado por una sombra que lo supera, como si no cupiera en su propio cuerpo.

Este libro de relatos es en realidad las memorias del autor, una forma inusual de enfrentarse a los hechos y las figuras fantasmales que poblaron su vida. Es como si el resto del mundo no existiera, y Leñero nos invita a visitar la vida que se le fue. Una demostración de que la Literatura es el mejor antídoto en contra del tiempo y de lo efímero.

Fuente: www.elperiodico.com


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