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“Siete minutos de desasosiego”
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 14 de agosto de 2007
mendezvides@itelgua.com

Eduardo Halfon incursiona ahora en la narrativa breve con Siete minutos de desasosiego, un conjunto de 20 relatos publicado por Panamericana Editorial en Colombia.

Eduardo Halfon incursiona ahora en la narrativa breve con Siete minutos de desasosiego, un conjunto de 20 relatos publicado por Panamericana Editorial en Colombia. En la contraportada dice Sergio Ramírez, el narrador más relevante de nuestra región en la actualidad, que: “La maestría de Halfon consiste en llevar cada historia por un camino ameno, sin tropiezos”.

Desde la primera historia los lectores enfrentamos el desasosiego advertido en el título, cuando nos presenta al libanés Salim Mussa, un inmigrante que levantó un negocio exitoso de géneros en el Portal del Comercio, pero que se negó a moverse a tiempo del centro cuando sus vecinos buscaron acomodo en otras zonas. Salim siguió en el mismo local, persistente, condenado por la decadencia del barrio, hasta que se marchó al otro mundo su querida Alexandra, en una historia tácita de amor de otro tiempo, dejándolo desolado entre sus retazos y yardas empolvadas de telas sin renovar.

Durante el funeral se le acercó Juana, su vendedora de toda la vida. Iba vestida con la gabacha oficial del negocio, y en el acto más íntimo de toda su relación comercial, le tocó levemente el antebrazo, en señal de duelo. Las ventas siguieron disminuyendo, marcando rojo las contabilidades, y él caminaba impasible por el mismo barrio al que llegó directamente de Beirut en una época imprecisa. A veces habla en árabe para nadie. Su negocio fue grande, allí llegaban a pie los gobernantes a escoger las telas para que los sastres le cortaran y cosieran los ternos oficiales.

Recuerda la frente descubierta de Arbenz, su modo de aceptar una tela con solo palpar los retazos, y al Che Guevara, cuyo brillo de ojos le resultó sospechoso e inolvidable. Todo el éxito se había eclipsado, el barrio estaba hundido en el deterioro y la decadencia. Guatemala lo había recibido con los brazos abiertos, en su seño levantó algo grande, fue dichoso, pero nunca pudo tener el hijo varón que le diera continuidad a su apellido, y ya muerta Alexandra era nadie. Caminó por el Pasaje Rubio, el Aycinena, el Savoy, entretenido entre comercios de tela, igualmente venidas a menos.

Pasó frente al edificio donde vivía solo en un apartamento frío y solitario, y sintiéndose desdichado fue al bar del hotel de la esquina, a tomar una copa y fumar, sintiendo que la fiebre le estaba subiendo. No quiere hablar pero los empleados pervertidos no paran de ofrecerle mujeres a buen precio, un cuarto venido a menos en el segundo piso, cuando el despojo de árabe ya no puede sino sentir que todo se terminó. Que está perdido entre extraños, una sombra que pronto se esfumará.

Halfon vive en la actualidad en un paradisíaco poblado de La Rioja en España, sometido a largas jornadas de escritura, embarcado en el proyecto de escribir la gran novela guatemalteca, y en sus cuentos, que ya no tardarán en llegar a nuestra librerías, nos anticipa los temas que lo desvelan.

Fuente: www.elperiodico.com


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