Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Rigoberta Menchú
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 13 de septiembre de 2007
mendezvides@itelgua.com

No es el Moisés que nos conduciría a la Tierra Prometida.

La sorprendente irrelevancia de Rigoberta Menchú en las pasadas elecciones tira por tierra la tesis del racismo como elemento básico del rechazo de su propuesta política. Seguramente el racismo fue un componente, no hay duda, pero no el más importante. Menchú perdió las elecciones ruidosamente, ante el escrutinio del pueblo maya mayoritario en el padrón electoral. Lo que más le costará entender a nuestra famosa Premio Nobel de la Paz es no ser profeta en su tierra. Si las elecciones se hubieran realizado en las Naciones Unidas, apuesto a que ella hubiera ganado. Pero para ser líder político en Guatemala hace falta algo más que fama internacional.

Menchú es reconocida en todo el mundo como un símbolo de los pueblos indígenas, víctimas de los atropellos de los conquistadores españoles. Es un monumento que quiso cobrar vida para convertirse en agente de la Historia. Se lanzó al ruedo como figura pública muy conocida, por lo que no necesitaba de mayor publicidad, y tras anunciar su participación ya registró en las estadísticas un nivel significativo de disposición al voto. Su actividad proselitista fue escasa pero sí llegó a la población, se convirtió en comentario nacional, en motivo de discusión, y fue identificada como una opción diferente, pero mientras más se exponía a su país y al pueblo, más rivalidad proyectaba y en la misma medida fue bajando su índice de preferencia. En estas elecciones quedó claro que Menchú no es el líder unificador que nos hace falta, el Moisés de los judíos que nos conducirá a la Tierra Prometida.

El grave problema de Guatemala es la falta de identidad colectiva, porque no somos un solo pueblo sino un montón de grupitos compartiendo territorio sin aceptarnos iguales. En los grupos étnicos las diferencias son aún más evidentes, hasta por los trajes impuestos por los conquistadores como uniforme de la esclavitud, que hoy día son memoria del pasado aberrante, y allá de quien quiera mantenerlo o superarlo.

El día de las elecciones sucedió un incidente a un joven en un poblado de Sacatepéquez, donde vive desde hace años, expulsado de la Antigua por los precios tan altos de la vivienda. Al momento de empadronarse lo hizo según dicta su residencia, pero se llevó la sorpresa de que sus vecinos no le permitieron votar. Un grupo de gente sumamente agresiva le impidió el sufragio, le dijeron que él no pertenecía a esa zona, que no tenía derecho a elegir por ellos. Y el muchacho fue a encerrarse entre cuatro paredes sintiéndose apestado, con ganas de tener los medios económicos para salir volando de allí. Indígena o no indígena, aquí lo que nos hace falta es aceptación y reconocimiento.

La idea de una autoridad representante, proveniente de un sector específico (aunque sea del grupo mayoritario), chocó con la necesidad de integración que tenemos los guatemaltecos. A Menchú los votantes le dijeron no, temerosos de que al darle el poder se avivara la rivalidad nacional.

Fuente: www.elperiodico.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.