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Reconocer a los nuestros
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 4 de octubre de 2007
mendezvides@itelgua.com

La necesidad de reconocimiento surge a flor de piel en nuestra patria. ¡Qué falta nos hacen los monumentos! El exceso de festejos y la alegría desbordante tras el inesperado logro de Carlos Peña en la música popular es prueba eficaz de esa necesidad, y esperamos que el grato y fuerte abrazo que le brindamos todos al joven artista no lo destripe tras su regreso a la vida normal, cuando el muchacho se levante una mañana descubriendo que todo fue un sueño. Para él empieza el trabajo y el sufrimiento, pero nosotros ya tuvimos lo nuestro. Peña es un instrumento que encarna nuestra necesidad de unión y orgullo.

Los futbolistas nos han decepcionado siempre, pero no es culpa de ellos, sino de quienes esperamos el nacimiento de Hércules en tierra de desnutridos. A los jóvenes deportistas que regresaron con medallas ganadas en los Juegos Panamericanos, el Gobierno los premió con Q200 mil por conquistar el oro, y una cantidad menor según bajara la importancia del metal. Premiar es saludable, y motiva.

Ahora claman como nunca los olvidados, los de siempre, porque un joven cineasta está ganando reconocimiento en Europa mientras aquí pasa inadvertido. Y nos preocupa el irrespeto del Estado ante los honores que se instituyen por decreto, como el Premio Nacional de Literatura que se concede cada año por una vida entera dedicada a las letras en este país analfabeta. El protocolo en estos casos determina que sea el Presidente o la máxima autoridad de la nación quien entregue la presea al homenajeado en un acto solemne. Por norma se añade al honor una cantidad económica significativa como estímulo material. Guatemala instituyó el premio anual, lo que indudablemente es pretencioso, con un bajo estímulo económico que hace darse de golpes en la cabeza a los intelectuales, porque más les hubiera valido aprender karate de niños, fútbol o cantar más allá de la regadera. Empezó el país dando Q10 mil a sus autores, lo que impulsó a Mario Monteforte Toledo a aceptar el premio con humildad y agradecimiento, pero fundó un concurso para estimular a los nuevos novelistas otorgándoles cinco veces más dinero que lo que él recibió. En la actualidad el Estado ya recapacitó y quintuplicó dicha suma, para al menos ponerse a la par de los novatos. Pero, además, olvidaron el protocolo, y este año el premio se concedió en privado, sin la presencia del Presidente, es más, ni siquiera se apareció el ministro del ramo, fue el viceministro de Deportes quien hizo entrega del preciado cheque miserable, demostrando que para nuestras autoridades vale más ser deportista o cantor que intelectual brillante. Bien por el reconocimiento a los deportistas y cantantes, pero si no le dan el mismo trato decoroso a la inteligencia nacional pronto nos harán falta varios ministerios de educación para sacar a nuestro pueblo del atraso.

Fuente: www.elperiodico.com


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