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“Épica del ocio”
Por Adolfo Méndez Vides - Guatemala, 24 de octubre de 2007
mendezvides@itelgua.com

El Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón de la Embajada de México en nuestro país, se ha convertido, tras cuatro ediciones, en el concurso más serio y estimable en su género en Guatemala. 

El Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón de la Embajada de México en nuestro país, se ha convertido, tras cuatro ediciones, en el concurso más serio y estimable en su género en Guatemala. La calidad de los autores que han ganado garantiza la fama del certamen y dignifica a quienes participen en el futuro.  En esta oportunidad, la cuarta, el honor ha recaído en Enrique Noriega, autor de una obra singular titulada Épica del ocio.

Cada poema es fruto de un intenso acto de interpretación y profundo trabajo con la palabra. Nada es sencillo en los versos de Noriega, aunque a veces pudiera parecerlo, porque la idea está allí y los elementos técnicos se han pulido perfectamente para lograr su propósito.

En este nuevo libro sobresale una pieza sin precedentes, titulado Ellos/Nosotros, que es un poema de amor como pocos, de amor a los padres y a su pareja, para ser escrito en letras de oro, como se acostumbraba en otra época. El poeta narra en una lluvia de versos cortos, pausados, que caen como sobre gradas, la vez que observó, sin ser visto, al padre apesadumbrado, encerrado en el dormitorio tras unos tragos y la leve queja por el tiempo que no le quedaba para escribir, en el preciso momento cuando entró quedito la esposa, es decir su madre, lo vio dormido y con mucho cuidado

“lo acomodó
contra su pecho
y yo estaba allí
como aquello que se queda
en el espejo
sin que nadie lo note
aquello
que si quiere gritar
no grita
y si quiere comprender
no comprende”.

El poeta es testigo de un acto de amor profundo, que lo enternece en secreto. Y al cabo de los años se encuentra maduro, con la edad encima y el pelo blanco, escribiendo sin parar en su propio encierro, como si el tiempo que emplea fuera el que le faltó al padre, y entonces percibe la llegada discreta e intuitiva de su pareja, que no hace bulla porque lo cree dormido sobre el papel, o ignora que está vivo, y procede a acariciarlo contra su pecho como en la imagen inolvidable que aún tiene grabada en la memoria, y dice

“entras
y me acaricias
contra tu pecho
en silencio
como si supieras
que lo que fui
y lo que soy
salen
finalmente
uno solo
del espejo”.

La experiencia de la lectura de esta obra arranca las lágrimas, porque la emoción es intensa y la manera de contarlo implica muchísima madurez y estilo. Es como nos advierte el autor en uno de los primeros versos “que la épica de lo nuestro no se pierda”, porque

“aún cuando ya no existan escúchalos
y en el desamparo de cada rostro reconócenos
y en lo incierto de cada madrugada invéntanos
por nada vuelvas con la libreta vacía”.

Esta semana será la premiación de la obra, y tengo entendido que la entrega del libro. Un material de colección que no hay que perderse.

Fuente: www.elperiodico.com


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