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En el nombre del banano
Por Marco Vinicio Mejía - 22 de junio de 2004

El discurso panamericanista de Estados Unidos se tradujo en la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA), en 1948, como un organismo que tras la fachada de la seguridad continental era instrumento contra países que amenazaban los intereses de los norteamericanos, quienes admitieron que no tenían aliados sino cómplices cuando el secretario de Estado del presidente Eisenhower, John Foster Dulles, declaró que en "Iberoamérica los Estados Unidos no tenían amigos sino intereses".

En la reunión de la OEA de 1954 en Caracas, Estados Unidos impulsó un acuerdo que condenó al gobierno de Jacobo Arbenz por formar parte de la intervención "comunista" en el continente que constituía "una injerencia en los asuntos internos americanos" y una "amenaza al sistema". Después le tocó su turno a Cuba, expulsada del seno de la OEA en 1962 por "ser su régimen incompatible con el sistema interamericano".

Una de las intromisiones más luciferinas la causó la custodia de los intereses de la United Fruit Company (UFCO), también conocida como la Frutera. Pablo Neruda repasó en Canto General que el prorrateo original se dio cuando el mundo fue repartido por Jehová a la "Coca-Cola Inc., Anaconda, Ford Motors y otras entidades: la Compañía Frutera Inc. se reservó lo más jugoso, la costa central de mi tierra, la dulce cintura de América".

Neruda contempló la magnitud del despojo a cargo de la transnacional que "Bautizó de nuevo sus tierras como 'Repúblicas Bananas', y sobre los muertos dormidos, sobre los héroes inquietos que conquistaron la grandeza, la libertad y las banderas, estableció la ópera bufa: enajenó los albedríos, regaló coronas de César, desenvainó la envidia, atrajo la dictadura de las moscas, moscas Trujillos, moscas Tachos, moscas Carías, moscas Martínez, moscas Ubico, moscas húmedas de sangre humilde y mermelada, moscas borrachas que zumban sobre las tumbas populares, moscas de circo, sabias moscas entendidas en tiranía".

A principios del siglo XX, la UFCO tenía explotaciones en Colombia, Costa Rica, Cuba, Honduras, Jamaica, Nicaragua y Panamá. Sus propiedades abarcaban tierras para cultivo y kilómetros de vías férreas. La magnitud alcanzada en 1930 sólo puede apreciarse si se estima que equivalía al 13 por ciento de la superficie terrestre de Guatemala, 28 por ciento de la de Costa Rica o el 4 por ciento de la superficie conjunta de Panamá, Honduras, Costa Rica y Guatemala.
La historia de las exportaciones de banano evidencia cómo un solo producto dominó la economía guatemalteca y determinó la naturaleza de su incorporación al mercado internacional. En 1947, la Frutera contribuyó con el 22.7 por ciento del Producto Interno Bruto de Guatemala. Ese mismo año, el Fondo Monetario Internacional estimó que las exportaciones de banano representaron el 42 por ciento del total de las exportaciones guatemaltecas.

No existen pruebas cuantitativas de la contribución de la UFCO al progreso económico de Guatemala. Lo que no se menciona son los "costos ocultos" que el país debió pagar por permitir su labor monopólica. Entre éstos estuvo la desaparición progresiva de los pequeños productores nacionales; la eliminación de la competencia de otras empresas extranjeras; el abuso en el control del transporte por medio de tarifas acordadas en beneficio de la Frutera y en contra de otros usuarios; la minimización de los ingresos nacionales como consecuencia de las concesiones obtenidas de sucesivos gobiernos y los impactos catastróficos, de índole social y económica, como resultado del abandono de una zona de producción y su traslado hacia otro lugar.

La reforma agraria impulsada por el gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán provocó una sistemática labor de zapa patrocinada por la Frutera y guiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos. Hace medio siglo se produjo la interrupción del experimento democrático iniciado en 1944, pero al final, ¿qué ocurrió con la transnacional intervencionista? En 1960, la UFCO anunció la disposición de vender, alquilar o negociar sus posesiones en América Latina y que luego compraría la producción a los nuevos propietarios o arrendatarios de las plantaciones. Esa especie de desafecto por las tierras la explicó Miguel Ángel Asturias:

" El menguado interés que la Compañía Frutera muestra ahora por lo que han sido sus feudos, con esclavos mal pagados, sin escuelas, sin hospitales, se debe a que, a pesar de la 'gloriosa victoria' de los Estados Unidos contra Guatemala, y de la 'Operación Guatemala', en Honduras se les empezó a mover el piso, y ya no digamos en Costa Rica, donde (…) acaba de terminarse, a principios de este año, una huelga en que, a pesar de los esfuerzos de los abogados de la compañía, Mamita Yunai fue condenada a pagar fuertes sumas a los trabajadores."

 

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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