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Arbenz frente al imperio
Por Marco Vinicio Mejía - 26 de junio de 2004

Hace 50 años había un ambiente de incertidumbre en Guatemala, provocado por las constantes presiones norteamericanas, la propaganda hábilmente orquestada contra el gobierno revolucionario y la desinformación. Ante las amenazas de invasión, Jacobo Arbenz suspendió el 6 de junio de 1954 las garantías constitucionales. El 15 de ese mes, Eisenhower y altos funcionarios de su gobierno ultimaron los detalles de la "Operación Éxito" contra Guatemala. Los mercenarios empezaron el 17 a bombardear Guatemala. El 18 de junio, Castillo Armas cruzó la frontera entre Guatemala y Honduras, al frente del llamado "Ejército de Liberación" conformado por cuatrocientos hombres.

En la noche del 19 de junio, el presidente Arbenz, acosado por los ataques aéreos y las invasiones fronterizas, hizo un dramático llamado a la nación: "Nuestro único delito consistió en decretar nuestras propias leyes y aplicarlas a todos sin excepción. Nuestro delito, es haber iniciado una reforma agraria que afectó los intereses de la United Fruit Company. Nuestro delito es desear tener nuestra propia ruta hacia el Atlántico, nuestra propia energía eléctrica y nuestros propios muelles y puertos. Nuestro delito es nuestro patriótico deseo de avanzar, progresar y obtener una independencia económica que vaya de acuerdo con nuestra independencia política. Hemos sido condenados porque hemos dado a la población campesina tierra y derechos".

Finalmente, el 27 de junio, Jacobo Arbenz Guzmán renunció a la presidencia. Su régimen promovió un proceso de modernización sin exclusiones ni privilegios. Los tres objetivos fundamentales de su programa de gobierno eran transformar la condición dependiente de Guatemala, con una economía semicolonial, en una nación independiente; convertir un país atrasado con economía semifeudal en una Guatemala moderna y capitalista; y lograr que esos cambios se tradujeran en la elevación del nivel de vida de la población. El propósito de industrializar Guatemala y transformarla en país capitalista representaba "dos maneras de denominar una misma cosa" y de ahí que "la industrialización del país no [podía] realizarse sin la reforma agraria".

Las acciones emprendidas por el régimen de Arbenz fueron determinadas por los monopolios ejercidos por empresas norteamericanas. La mayoría del comercio exterior de Guatemala se realizaba en el Atlántico por Puerto Barrios, dominado por la United Fruit Company (UFCO). La International Railways of Central America (IRCA) era la propietaria del ferrocarril que constituía el único acceso terrestre para esas instalaciones, con un cuarenta por ciento de las acciones controladas por la UFCO. La totalidad de la energía eléctrica consumida por la población, el comercio y la industria en la zona central de Guatemala, donde se concentraba la capacidad productiva del país, era generada por la Electric Bond and Share Company.

El gobierno arbencista se propuso la construcción de tres grandes obras: una carretera hacia el Atlántico y un puerto en ese litoral, y una hidroeléctrica con una capacidad cuatro veces superior a la de la subsidiaria estadounidense. A la par, el 17 de junio de 1952 decretó la reforma agraria para "desarrollar la forma de explotación y métodos capitalistas de producción en la agricultura, y preparar el camino para la industrialización de Guatemala".

Luis Cardoza y Aragón hicieron un ejercicio histórico hipotético en el caso que se hubiera defendido la revolución guatemalteca ante la agresión promovida por los Estados Unidos:

" Si hubiéramos utilizado las guerrillas para resistir siquiera un mes, nuestra contribución a la libertad de Hispanoamérica habría sido de importancia inconmensurable [...] Habría habido cientos de voluntarios guatemaltecos, mexicanos y latinoamericanos siempre dispuestos a luchar contra el imperialismo yanqui [...] América se habría alzado como un océano, la protesta universal. Ésta era la única salvación."

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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