Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Los grandes muros
Por Marco Vinicio Mejía - 10 de julio de 2004

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya declaró, ayer viernes, que es "ilegal" el muro construido por Israel para separar a los palestinos en Cisjordania. El dictamen del principal órgano judicial de Naciones Unidas determinó que las normas del derecho internacional han sido violadas con esa muralla, pues limita la libertad de locomoción y restringe los derechos al trabajo, la salud, la educación y al bienestar del pueblo palestino.

El fallo de la CIJ destacó que "las infracciones (a los derechos de los palestinos), como resultado del trazado del muro no pueden ser justificadas por las exigencias militares, por las necesidades de la seguridad nacional o por el orden público".

La convulsión en el Medio Oriente constituye un problema para todo el planeta, cuyo manejo por parte de Estados Unidos ha incrementado el enfrentamiento entre el mundo islámico y Occidente. El clamor para encontrar una solución política a la violencia entre Israel y Palestina, colisiona con la intransigencia y el terrorismo de ambos pueblos.

En lugar de encontrar soluciones al conflicto, Israel ha erigido el muro para separar a los palestinos, con la vana creencia de que así tendrán seguridad. Un obstáculo físico no detendrá el odio ni vencerá la resistencia de los palestinos. Los continuados atropellos contra los habitantes originales de esa tierra, en especial desde que el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, exacerbó la intolerancia, ha dañado por igual a israelitas y palestinos. La rabia y la impotencia ha conducido a que muchos palestinos opten por la inmolación y el sacrificio para ser recibidos en el seno de Alá.

En este caso se ha confirmado que no se ha aprendido de la Historia. Durante el Mundial de Fútbol realizado en Argentina en 1978, la dictadura militar trató de distraer la atención de los graves problemas sociales con diversas escenografías. Una de estas fue la erección de un gran muro en la ciudad de Rosario para ocultar la miseria de Villa las Flores. En República Dominicana ocurrió algo parecido con la muralla levantada para ocultarle al Papa la pobreza del pueblo.

El Muro de Berlín dividió a un pueblo a expensas de los intereses políticos y económicos de la Guerra Fría. Otra barrera similar separa a Corea del Norte y Corea del Sur, debido a la política de dominación de China.

Estados Unidos cercó su frontera sur para impedir el ingreso de los inmigrantes mexicanos, mientras por otro lado pretende imponer la integración económica en todo el continente latinoamericano y el Caribe, con la llamada Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA).

Los autoproclamados defensores del "mundo libre" han sometido al pueblo cubano a un bloqueo, el más inmoral e injusto de los muros, mientras en la porción isleña de Guantánamo mantiene dos campos de concentración, con más de 600 detenidos sometidos a toda clase de vejámenes.

En Guatemala los indígenas han sido marginados con murallas de desprecio. Para conservar sus culturas y valores, los pueblos originarios se refugiaron en una resistencia que no debería transformarse en un racismo de respuesta.

Las murallas más difíciles de derribar son las edificadas en nombre de la conciencia, como en la instrucción sectaria disfrazada de educación y en los fundamentalismos religiosos que manipulan la sensibilidad de los fieles.

Pero, el peor de los muros es el que hemos construido en nuestro interior, cuando nos creemos dueños de razones sin tener la razón. Es la barrera infame de sentirnos superiores, distintos o infalibles. Lamentablemente, no hemos aprendido a ser autocríticos y tratar de superar nuestras limitaciones y desinteligencias.

La barrera más disociadora, infamante y esclavizante es la que nos hemos impuesto al no querer reconocer que somos víctimas de nuestra propia crueldad, indiferencia y violencia. El desafío es no separarnos de la esperanza, en particular si aceptamos los misterios de lo sobrenatural. No dejaremos de lamentarnos por los males ajenos si no empezamos por el rescate de nosotros mismos.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.