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Cinco anillos de corrupción
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 19 de agosto de 2004

Los Juegos Olímpicos son un negocio muy lucrativo para las doce compañías multinacionales más grandes del planeta, las cuales gastan a manos llenas en patrocinios. Si bien ha quedado al descubierto el uso indebido de estimulantes, los dirigentes deportivos no han logrado erradicar la práctica.

En esta época de frenesí mediático resulta oportuna la relectura del libro Los señores de los anillos, escrito por los periodistas británicos Vyv Simson y Andrew Jennings, publicado en español por el Grupo Editorial Norma. Este documento excepcional revela lo que no vemos en la televisión ni leemos en los periódicos sobre el llamado "movimiento olímpico".

Sobre la nave de las olimpiadas soplan los vientos favorables de la información y la propaganda. Desde hace unos 150 años el deporte es identificado con el entretenimiento saludable y cierta pedagogía ha enfatizado en que el espíritu competitivo es inherente a los seres humanos, característica que han querido matizar y atenuar los ingenuos al asumir que para el refundador de las olimpiadas modernas, barón Pierre de Coubertin, "lo importante es participar, no ganar".

Para el aristócrata de Coubertin, la participación deportiva se inscribe en el marco de la competición reglamentada en el plano internacional. Mantenerla significa afirmar e insistir en la interiorización de la idea de la autoridad legítima, ligada al reconocimiento de una jerarquía natural.

Esta es una extensión del pensamiento neopositivista, todavía con fuertes raíces en nuestro medio. La falange de pensadores franceses y europeos de fines del siglo XIX y principios del XX, que lo originaron, relacionaron el deporte con el orden y el consenso social. Según éstos, la idea de la competición reglamentada en el deporte permitiría establecer y desarrollar los principios que fundamentan el "ordenamiento democrático racional", idea que recogió Pierre de Coubertin para institucionalizar el deporte moderno.

O sea, se utiliza el deporte para la aceptación de las desigualdades en el marco de una sociedad cohesionada en la búsqueda de un ideal común y se recurre a él para convertirlo en instrumento positivo de integración social.

Los Señores de los Anillos de Simson y Jennings, ponen en evidencia que el "movimiento olímpico" se ha desarrollado a la par de la evolución de principios racistas, xenófobos y sexistas. También confirma que el mito olímpico es una "gran tapadera" del inmenso negocio de las multinacionales de la imagen, el deporte, la industria farmacéutica y de un selecto y reducido número de miembros del Comité Olímpico Internacional, capitaneados por Juan Antonio Samaranch, quien desarrolló su carrera política en las filas del más rancio franquismo. Profesionalismo, juego limpio, encuentro mundial de pueblos y culturas... todos son elementos que enmascaran el dopaje, los privilegios turísticos y económicos y la distorsión del idealismo competitivo.

Al margen de dirigentes y mercaderes, subsisten los y las atletas que buscan en las Olimpíadas una fuente de belleza y pureza, sin percatarse de que las justas planetarias adquirieron cada vez más un cariz de ostentación y de antivalores democráticos. El deporte olímpico moderno se transformó en un mundo cerrado, donde las decisiones se adoptan a puertas cerradas y que ha creado un estilo de vida fastuoso para un pequeño círculo de funcionarios. En lugar de estimularse la participación deportiva de las masas, como soporte social del deporte de élite, se manejan cantidades fabulosas de dinero que no están sometidas a escrutinio público.

Lástima grande que el periodismo se ha enfrascado en la actividad atlética y no ha concentrado su mirada en la avaricia y la ambición de hombres vestidos en trajes elegantes, quienes son los protagonistas ocultos del espectáculo. Al final, deportistas y espectadores somos víctimas de la propaganda. Quitémonos las legañas de los ojos y escuchemos al niño de retinas limpias, el único capaz de observar durante el desfile del emperador que éste no lleva ningún traje, mientras todos lo aplauden por su nueva indumentaria.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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