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El esplendor de la vida
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 24 de agosto de 2004

Luis Zurita Tablada es el autor de un provocativo ensayo titulado La proeza humana, publicado en diciembre de 2003 por Magna Terra Editores. La suya es la formulación de una ética política sin dogmatismos ni adscripciones sectarias. La tierra es la gran sociedad que debemos respetar y si se ha abusado de ella es por el apego de los seres humanos a las cosas, causa del sufrimiento y motor del consumismo. La visión ecuménica de Zurita lo lleva a conciliar budismo y cristianismo para proponer un humanismo reverente, en el cual el hombre no sea la medida de todas las cosas.

La obra de Luis es densa, acumulativa y desafiante, lo que la convierte en una de las más curiosas y perspicaces que se han escrito en este principio de siglo guatemalteco. Aboga por un retorno a una "ética de lo viviente" bordeada por situaciones históricas, sociales, medios y la aplicación técnico-científica al ambiente biofísico. Esto implica el rechazo al dispositivo ideológico que afirma a la democracia liberal como la única aspiración política que abarca las diferentes culturas y regiones del planeta, acompañada por la lógica de la ciencia natural moderna que apunta en dirección al capitalismo.

Zurita nos advierte que no debemos resignarnos a aceptar como destino único el quedarnos a solas con el capitalismo, el sistema de mercados abiertos y la democracia liberal, hasta donde estos alcancen. Ante la pérdida de su hegemonía económica, los Estados Unidos encontraron en el neoliberalismo una opción para resolver su crisis, sin percatarse que ésta es de índole cultural y no solamente económica. Su aparición ha desnudado las profundas divergencias culturales coexistentes, especialmente en el seno mismo del liberalismo. La amplitud de las contradicciones no había aflorado, aún tras el derrumbe de la Unión Soviética. Si ahora hay ocasión de debatir, la cuestión no es "qué hacer con" el capitalismo sino "qué hacer dentro" del mismo.

Luis se opone al proclamado "fin de la historia" de los neoliberales: "el modo de producción dominante, fundado en el consumismo, hace creer a las frágiles mentes de los hombres y las mujeres que ya se alcanzó todo -¡la finalidad de la historia!- y que eso es todo. Entonces, vacíos de sí mismos y sin expectativas de trascendencia como miembros de la especie humana se agotan a sí mismos en la concupiscencia [...]. Lo peor de esta poco afortunada concepción de la vida es su diseminación planetaria, por lo que, al infectar literalmente a toda la gente, desintegra el proceso de humanización -a todo nivel- en beneficio del despotismo dulce del mercado, pero tragedia del hombre y la mujer concretos." (p. 198-199).

Por el lado de la filosofía, el naufragio de las referencias colectivas y el despojo de un "sentido de la Historia" desnaturalizó la facultad de rebelión, pareció deslegitimar el descontento creativo, agotó la insatisfacción respecto al orden establecido y evadió el compromiso pleno en lo real de las situaciones. Se afianzó la "ética" como expresión primigenia del individualismo humanitario y como garantía del egoísmo "occidental".

En lugar de hacer de la "ética" una dimensión de la piedad por las víctimas, es necesaria una "ética de las verdades". No hay ética en general, pues toda ética está en situación: de la política, de la ciencia, del ambiente. Esta forma de encarar la ética de las verdades requiere la definición de la política a la cual se enfrenta.

En la reflexión zuritana, "la política [...] debe ser capaz de estimular las virtudes cívicas y de orientar y gestionar -articulada con la más genuina moral seglar- los asuntos públicos -desde lo local hasta lo global- pero como parte de un compromiso racional con el proceso de humanización." (p. 208).

Es primordial liberar a la política de complicidades y encubrimientos, en especial desde la perspectiva que verdaderamente importa: el juicio, comprensivo e indignado, del espectador de las circunstancias, un papel crítico que Luis Zurita Tablada ha asumido con serena lucidez y como compromiso ineludible.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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