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Se busca un santo
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 28 de agosto de 2004

Hoy se presentará en el salón municipal de San José Pinula el libro Los caminos de mi pueblo, de Lizardo Porres Velásquez. Su autor lo ha subtitulado En busca de los milagros del Padre Hermógenes, como un aporte literario a la necesidad de fe en una sociedad al borde de la desesperación.

Esta segunda obra de devoción al terruño es una especie de continuación de la "Monografía Novelada" de San José Pinula, dada a conocer el 21 de junio del año pasado en el mismo lugar, al cual Dios no ha herido con dos manos. El martirio del padre Hermógenes López Coarchita enseñó a los pinultecos la difícil disciplina de saber esperar: esperanza en la renovación de Guatemala. En esta segunda entrega narrativa, Lizardo Porres nos invita nuevamente a evitar extraviarnos en el consumismo y la superficialidad.

La inmolación del padre Hermógenes es un recuerdo lacerante de la Nueva Iglesia perseguida. No debemos olvidar el martirologio de quienes rebasaron un cristianismo ritual reducido al cumplimiento rutinario de actos de sensibilidad religiosa, expresado en formas culturales externas, conformado por individualismos paralizados y paralizantes y carentes de la fuerza evangelizadora de la denuncia.

La injusticia y la deshumanización, signos de los tiempos, no son ajenos a la sensibilidad religiosa, pero requieren algo más que golpes en el pecho. El aporte de Lizardo Porres no podemos recibirlo con simple curiosidad, pues estamos ante una exhortación para asumir una nueva forma de ser iglesia en Guatemala.

Hasta dónde se ha constituido una Nueva Iglesia no lo podemos establecer si medimos los cambios en tiempos humanos y no en tiempos históricos. Si durante diecinueve siglos la Iglesia no se preocupó por la condición humana amenazada, durante un corto período de tiempo, la Iglesia universal se ha querido adaptar en forma acelerada al vértigo transtornador. De manera más lenta, las iglesias locales han caído en la cuenta de que, si quieren ser una opción auténtica, no les queda más que preferir a los pobres, tanto de cuerpo como de espíritu. El Evangelio se anuncia a todos pero ha de hacerse a partir de los pobres, en especial en un país donde los pueblos indígenas son aún más pobres entre los pobres.

Las narraciones lizardianas se enrumban a un doble peregrinaje. El autor recurre inicialmente a la nostalgia para fortalecer sus raíces, como un peregrino a la búsqueda de su peregrinación, y su peregrinación se halla en sí mismo, paso a paso. En otra dimensión, se propone revitalizar la fe con una literatura dispuesta al magisterio pastoral, aprendido día tras día, a ser cada vez más y mejor cristiano, fiel a la voz de Dios y a la voz del pueblo, de los pobres, de los marginados. San José Pinula deja de ser un lugar geográfico para convertirse en una realidad teológica: una comunidad de fe, de amor y de esperanza; una Iglesia local que es signo, señal y sacramento de Cristo.

Las palabras del escritor son una manifestación de Dios, una cristofanía que alcanzará plenitud en la recuperación de los vínculos culturales en una localidad amenazada tanto por la geofagia capitalina (o hambre metropolitana de tierra) como por el colonialismo cultural. Los cultos exóticos y cierto evangelismo anglosajón representan un reto cultural, pues forman parte de la ofensiva de un imperio que necesita de la religión para justificar su presencia y aumentar su influencia en una sociedad profundamente religiosa.

El neoliberalismo ha ideologizado la religión para legitimar el sistema capitalista, que en nuestro país no supera su estado primitivo de mercantilismo. En todo caso, el neoliberalismo no necesita una religión pues él mismo se ha constituido en una religión del sistema o en una especie de "religión del mercado". El capitalismo recurre a la religión para convertirla en un remedio que permita paliar las contradicciones culturales del sistema. La crisis de ese sistema es cultural y ésta, a su vez, es una crisis espiritual.

Una crisis traducida en la pérdida del "vínculo trascendental", causa de la pérdida de utopía y de solidaridad palpable en el seno del capitalismo, sistema que influye en gran medida en nuestras culturas aunque nos mantengamos en sus márgenes.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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