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¿Quién critica a la prensa?
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 31 de agosto de 2004

El diario Siglo Veintiuno censuró a posteriori al columnista y escritor Mario Roberto Morales por "atreverse" a comentar la denuncia anónima de que en las redacciones de varios medios se tamiza la información para encubrir actos de corrupción en el gobierno del presidente Óscar Berger.

En lugar de invitar a un debate abierto, profundo y sereno, se arremetió de manera visceral contra uno de los escritores más destacados de la actualidad guatemalteca. Adviértase que califico de censura posterior la postura oficial del matutino. Esta facultad podría esgrimirse si se piensa que la Constitución determina, con relación a la emisión del pensamiento, que ésta es libre sin censura previa y, por exclusión, sí podría censurarse con posterioridad los excesos en el ejercicio de esa libertad, pero la sanción sería de carácter estrictamente moral o ética. Ese no fue el caso de Mario Roberto, quien no hizo una acusación específica al periódico en el cual escribía ni se extralimitó en el ejercicio de su derecho de opinar. Sólo los lectores y las lectoras de Siglo Veintiuno tienen la última palabra para calificar este incidente.

El retiro voluntario de Mario Roberto Morales fue un acto de dignidad, plausible y aleccionador. Los denuestos y las justificaciones que se dieron después de esa renuncia, por parte de asalariados de Siglo Veintiuno, han oscilado entre el fariseísmo y los sofismas. La prédica que abandera Édgar Rosales se desmentirá a sí misma si no incluye también la exigencia de que ese órgano de prensa se comprometa a encarar un severo ejercicio de autocrítica. En lugar de ensañarse contra un columnista, deberían reflexionar si el periodismo que practican ha reflejado fielmente, como en un espejo, los hechos de la realidad cotidiana y si sus investigaciones no responden a agendas o intereses ocultos.

Al empezar ese ejercicio de autoanálisis en la prensa, se daría el ejemplo para reclamar actitudes similares en los dirigentes políticos, sectores influyentes del empresariado, universitarios, intelectuales, Fuerzas Armadas y en las distintas comunidades que conforman el cuerpo social de la República. Sería de enorme valor revisar los comportamientos y reconocer limitaciones y errores. Eso sí, se requiere mucha valentía para auscultar, con espíritu crítico, conductas pasadas y presentes, pero el beneficio sería la legitimación de esfuerzos y luchas.

Ese camino de introspección, no sólo para sectores y comunidades sino para la Humanidad, la marcó el papa Juan Pablo II cuando propuso, sobre el filo de la transición al nuevo milenio, que la Iglesia realice un profundo examen de conciencia y pida perdón a Dios y a los hombres por los yerros cometidos a lo largo de la historia.

Los medios de prensa son los registros sobre los cuales se escribirá la historia del tiempo que nos ha tocado vivir. Es muy acertada la afirmación de que el periodismo "es el segundero del gran reloj de la historia universal". El trabajo de los profesionales de la prensa se proyecta en el tiempo, por lo que es impropio reclamar posturas inmaculadas si no se tiene como constante la autocrítica.

El periodismo debe ser capaz de admitir sus errores informativos y también de revisar sus juicios y sus opiniones siempre que sea necesario. Hasta el momento hace falta esa vocación de autocrítica en todas las vertientes del periodismo: informativo, de opinión, escrito, radial, televisivo... Si hubo rumor de venalidad o corrupción, del que se hizo eco Mario Roberto, era necesario despejar toda sospecha sobre la existencia de esos males, en lugar de desgarrarse las vestiduras. Justamente, el periodismo independiente es el principal interesado en que se esclarezcan tales denuncias.

En el periodismo guatemalteco hace falta la valentía de rectificar. Nuestra sociedad se beneficiará con esa clase de sinceramiento, el cual constituye el reconocimiento de que la infalibilidad es una virtud ajena a la condición humana.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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