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Morir con los ojos abiertos
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 21 de septiembre de 2004

Mañana se cumplirán 19 años del fallecimiento de Manuel José Arce en Albi, Francia. Generalmente, se le recuerda por su pintoresquismo y amenidad en el hablar y escribir, como el autor de los cuadros de costumbres contenidos en su "Diario de un Escribiente", o por su obra poética y dramática. Involuntaria o inconscientemente, no se le reconoce como un intelectual y escritor comprometido con la mayoría de la población necesitada de justicia, trabajo y libertad.

Es primordial recuperar su pensamiento político y crítico para dimensionar en mejor forma su compleja personalidad. Manuel José advirtió en 1984 que la persecución sistemática contra los intelectuales y la consiguiente destrucción de las expresiones culturales, operada en el país durante 30 años, tenía un propósito: "la destrucción de la identidad nacional" y que en Guatemala, como país sometido, "toda forma de identidad representa resistencia" (1987:75-85).

Según Arce, el alcance de la agresión iba a algo más profundo como lo es "la raíz indígena de nuestro pueblo" pues, independientemente de las estadísticas etnocidas, la mayoría de la población es culturalmente indígena. Sin hacer referencia a los rasgos raciales ni a la población vernácula que perdió su cultura ancestral e identidad, Arce concibió al indígena como un producto de la resistencia. Las condiciones de servidumbre han delineado su perfil, acercándose a la definición de Severo Martínez Peláez: "Indios son en Guatemala los individuos que conservan características de los nativos concentrados y remodelados en los pueblos bajo las presiones del régimen colonial". (1985:18).

Esta cultura de resistencia constituía para Arce "un obstáculo para la política de enajenación nacional puesta en práctica por los gobiernos de antes de 1944 y por los posteriores a 1954", provocando una mortandad y un éxodo cuyas dimensiones y consecuencias aún ignoramos.

Arce empleó la tipificación de genocidio en su testimonio ante el Tribunal Permanente de los Pueblos, Sesión Guatemala, en Madrid, el 28 de enero de 1983. Dicho Tribunal definió en el apartado de hechos de su sentencia, los dos crímenes contra la Humanidad que han tenido como escenario Guatemala: el etnocidio y el genocidio (1984:388-389).

Manuel José rechazó el concepto de exilio, por ser negación de la persona. Esto lo aprendió de los indígenas, que "han pasado medio millar de años luchando silenciosamente en la defensa de su condición de seres humanos". Consideró que la historia de la literatura guatemalteca es inseparable de la historia del exilio de sus escritores. Si bien niega el concepto tradicional de exilio, afirma que el indio es un exiliado en su propia tierra: por "el idioma, las leyes, el gobierno y las clases que lo esclavizan, la religión, la arquitectura, las costumbres, la manera de vivir y de morir".

En su novela De una ciudad y de otros asuntos. Crónica fidedigna, los tres protagonistas de la narración, Tomás Simón Ixcam, Sebastián de la Higuera y Maese de la Higuera el Mozo, de diferente forma, desafían la explotación de los españoles representados por el Capitán General Pedro Farfán de los Godos.

El indio de la novela es diametralmente distinta a la visión romántica de los indios ennoblecidos en las novelas colonialistas de José Milla o las de Carlos Wyld Ospina. Es un indio concreto, subsistente desde la colonia y diferente a la imagen peyorativa de Flavio Herrera. Tampoco es el desheredado Pedro Matzar de "Entre la piedra y la cruz", oscilante entre la cultura de los indios y la de los ladinos. El indio en la obra de Arce tiene más parecido con el Gaspar Ilom de Asturias que lucha contra los maiceros, pero, a diferencia de éste, no tiene rasgos sobrenaturales.

Tomás Simón Ixcam le pide a su nieto Sebastián de la Higuera el Mozo, que talle una figura de tamaño natural con su rostro e insiste en que sus ojos deben permanecer abiertos. Este detalle coincide con la explicación dada en Los ojos de los enterrados:

" Todos los muertos indígenas están enterrados con los ojos abiertos, en espera de que llegue el día de la justicia para ellos. Cuando ese día llegue, los muertos cerrarán los ojos y dormirán tranquilamente."

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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