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Repensar la cultura
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 9 de octubre de 2004

Por disposición legal, el 12 de octubre no se destina a conmemorar la hispanidad sino la "Unidad Nacional". El reloj de la historia no principió a contar igual para todos: Cristóbal Colón proclamó el despojo, rodilla en tierra, pero los españoles irrumpieron hace 480 años en lo que ahora es Guatemala.

No esperemos los propios "quinientos" años, pues urge repensar la cultura de este país en el cual nos desconocemos mutuamente y enfatizamos las diferencias sin acordar lo que nos une. La ceguera social no podremos superarla si antes no reconocemos el arraigado racismo en la sociedad guatemalteca. La discriminación no sólo es cultural. Es geográfica, económica, política, religiosa... Se basa en una estructura rígida, inconmovible, heredada de los españoles y cuya expresión más palpable es la injusta distribución de la tierra.

La nacionalidad aún no la hemos construido, pues el Estado ha querido imponer la nación única. Es necesario reconocer que en 480 años fracasó el proyecto de asimilar las culturas postergadas. Ciertamente, muchos mayas han accedido a la cultura urbana, pero más que ladinizarse, ellos y ellas han "mayanizado las ciudades". La insistencia en estereotipos y la distorsión histórica como visión impuesta por la clase dominante, impiden el análisis crítico de los acontecimientos, imposibilitándonos imaginar un futuro sin fronteras raciales ni acusados contrastes socio-económicos.

Por un lado, existe el deseo de develar la imagen creada por el vasallaje permanente en que nos debatimos. Por el otro, subsiste el temor de encontrar el vacío en el fondo de esa resistencia, situación que condujo a la fragmentación cultural. No se trata del miedo a descubrir la propia imagen, arrancándose la máscara impuesta por el coloniaje -como asegura Rosalba Campra-, sino del "combate entre la máscara y el rostro", como lo llama Carlos Fuentes.

Como tema, el indio ha sido abordado como mito. Primero fue una visión romántica de los indios ennoblecidos, aparecidos en las novelas colonialistas de José Milla o las de Carlos Wyld Ospina. Después vino la imagen peyorativa fabricada por Flavio Herrera. Más tarde fue el desheredado de la narrativa de Monteforte Toledo, oscilante entre la cultura de los indios y la de los ladinos.
Con Miguel Ángel Asturias, la lengua no es para los protagonistas sino para la literatura. Sus obras retoman un hilo proveniente de los libros sagrados de los mayas. No se trata de una operación puramente lingüística, sino la recuperación del pensamiento indígena. Después, emergen las expresiones vivas y vivificantes en las obras de Luis de Lión y Manuel José Arce. En las primeras expresiones del indigenismo se incubó una visión maniquea y simplista de la realidad. Más allá del indigenismo apareció la literatura sobre el indio privado de su tierra, lo que significaba la pérdida de su identidad. Así, reivindicar la posesión del suelo era la reafirmación de su propio ser.

No se trata de desconocer el tema del indio tratado como mito sino del derecho indígena a sus propios mitos. A mantenerlos o recrearlos. Implica reconocer, en primer lugar, el derecho maya a su literatura, para leer la realidad de manera distinta a la concebida por la mente occidental y así pueda escribirla en forma oral. En segundo lugar, crear nuevos mitos, con la unidad como fin, para hacer posible la convivencia en una diversidad como medio para llegar a la cultura múltiple y diferenciada. Esto no implica transformar la culpa en moda como ocurre con la poesía de Ak'abal, exhibicionista, occidentalizada y mistificada, individualista antes que expresión comunitaria.

Más allá de la condición rechazada y la soledad en la literatura, y lejos de los tanteos y los obstáculos, una conciencia se ha afirmado: la de reconocerse en la propia palabra. Palabra consagrada como modo de lucha contra la realidad, cuando ésta ha vestido el uniforme de las dictaduras. Palabra construida desde el sufrimiento y desde el exilio, exilio de estar fuera y otro de estar adentro, silenciado.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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