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La recolonización
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 16 de octubre de 2004

Los movimientos sociales convocaron este 12 de octubre a rechazar la recolonización que implica la previsible puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio (TLC) para las Américas, que abarca de Alaska a Tierra de Fuego. Se ha desatado una epidemia de tratados neoliberales en el continente: primero, México y Canadá fueron absorbidos económicamente, con diez años de resultados amargos. Otras derivaciones son el TLC de Centroamérica con Estados Unidos, el TLC de los países andinos con EUA y el TLC entre los países del MERCOSUR y la Unión Europea.

Los objetivos del agresivo unilateralismo del gobierno de Bush, en materia comercial y militar, vinculan los elementos económicos con los de seguridad en el TLC para las Américas. Sus puntos medulares favorecen al empresariado extranjero y sus socios locales, con la eliminación de los controles nacionales de la inversión extranjera; el fortalecimiento y formalización de los derechos de los inversionistas -de manera paralela al debilitamiento de los del consumidor-; la eliminación de tarifas; la supresión de los controles al capital, y el establecimiento de cortes internacionales de comercio "secretas", estatuto que permite a las transnacionales plantear juicios contra los gobiernos nacionales si se afectan o dificultan las ganancias que se esperan.

El gobierno de Bush considera haber hallado una "estrategia única, un modelo sustentable para lograr el éxito nacional", es decir, el Consenso de Washington. No existe otra opción en la visión mesiánica de Estados Unidos para guiar al mundo. La estrategia comercial publicada en septiembre de 2002 establece: "Trabajaremos activamente para llevar la esperanza de la democracia, el desarrollo, los mercados libres y el comercio libre a todos los rincones del mundo".

Se incluyen aspectos específicos como "la reducción de impuestos marginales" y "políticas legales y regulatorias prodesarrollo" (o sea, el debilitamiento de las leyes laborales y ambientales) que todo país "debe" adoptar. El fundamentalismo de mercado es explícito: "El concepto de librecambio surge como un principio moral aún antes de que se convierta en el pilar de la economía [...] Esta es la libertad real, la libertad de una persona -o de una nación- de ganarse la vida".

En ese mesianismo de la Casa Blanca, el librecambio es la libertad real, para dejar aparte la libertad de expresión, de una prensa libre, la libertad religiosa o las libertades civiles. En contraste, los recetarios en materia de libre comercio han sido un fracaso del Río Bravo a la Patagonia. El gobierno de Bush pregona que el librecambio es bueno para los países ricos y pobres, pero es evidente que los primeros no se rigen por esos principios doctrinales.

Washington practica el unilateralismo agresivo, no sólo militar, sino comercial en una serie de acciones de proteccionismo y de nacionalismo económico. Pocos gobiernos en la historia de Estados Unidos han mostrado la mano visible del Pentágono y favorecen con descaro los monopolios del primer círculo de la Casa Blanca.

Esa progresiva e indetenible militarización, paralela al dominio de las fuerzas económicas de Estados Unidos, constituye la recolonización de nuestros países, nuevo sometimiento denunciado este 12 de octubre. Anteayer se hicieron sentir los gritos de los movimientos sociales para que el reclamo de los excluidos, si bien no lograrán cambiar el estado de cosas, podría modificar nuestra forma de ver ese mismo estado de cosas. Todo es cuestión de que no hagamos oídos sordos para no ser cómplices de los silencios que impiden reventar la Historia.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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