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Las fragancias de la Primavera Democrática
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 28 de octubre de 2004

Desde inicios de 1898 hasta octubre de 1944, Guatemala estuvo regida por gobiernos que se consideraron herederos de la Reforma Liberal de 1871. En esta etapa se distinguen tres períodos. El primero coincide con el régimen autocrático de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920); el segundo se caracterizó por cierta apertura política (1920-1931); el tercero corresponde a la dictadura de Jorge Ubico Castañeda (1931-1944).

El cabrerismo fue casi un cuarto de siglo extraviado para Guatemala. Estrada es el personaje central de la novela El señor Presidente del premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias (1899-1974). Más allá de la narrativa, constituyó un azote de la conciencia guatemalteca, amenazada constantemente por los fantasmas del despotismo. Con él se consolidó la pignoración de la soberanía nacional. El comercio, el capital financiero, los transportes, la energía eléctrica y grandes porciones de territorio nacional pasaron a manos extranjeras.

En un ensayo sobre las autocracias en Guatemala, Carlos Wyld Ospina calificó al gobierno de Estrada Cabrera como "absolutismo estéril", del cual quedaban los despojos y el "yermo moral en los espíritus, donde crecen rastreras plantas políticas, prontas a reverdecer en nuevos despotismos". Se impuso por el miedo y no quedó carretera moderna, ferrocarril nacional ni colonia agrícola que lo recordara.

El "último dictador del liberalismo", Jorge Ubico, se hizo del poder con el ofrecimiento de equilibrar la economía en un clima de "orden y progreso". Se avanzó en la construcción de obras públicas a base de explotar la mano de obra indígena para lograr mayor control sobre la población. Surgieron las capas medias y se generalizaron los anhelos democratizadores de los países aliados en la Segunda Guerra Mundial.

La acumulación de la demanda de bienes de capital y de importaciones esenciales -que sólo podían satisfacerse al término de la conflagración planetaria- ejerció presión para que se operaran cambios políticos en Guatemala. No había oposición ni organización en el campo político. "Cuando llegó el momento del cambio, sólo un factor unía a todo el pueblo: la opresión. Pero los móviles profundos de aquel cambio no se percibían aún con nitidez. Había madurado la revolución, pero no se tenía conciencia de sus objetivos. Fue una revolución sin enciclopedistas. La conciencia vino después."

La congestión de fuerzas opositoras eclosionó en la crisis política de junio de 1944 que originó la renuncia de Ubico; luego, el 20 de octubre de ese año, produjo la insurrección cívico-militar contra los resabios ubiquistas que culminó con la instalación de la Junta Revolucionaria de Gobierno, integrada por el capitán Jacobo Arbenz Guzmán, el mayor Francisco Javier Arana y el empresario Jorge Toriello.

En un marco de libertad política, se declaró la autonomía de la Universidad y de las municipalidades, convocándose a elecciones presidenciales y a la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente que promulgó la Constitución de 1945. El nuevo gobierno se instaló en marzo de ese año, presidido por el doctor Juan José Arévalo. Se recuperaron las libertades de prensa y de organización. De manera gradual se sentaron las bases de la modernización capitalista de Guatemala. Las reformas financiera y monetaria, la Ley de Fomento Industrial, la creación del Instituto de Fomento de la Producción, la modernización legislativa y otras medidas se dirigieron a incentivar la economía nacional. A la par se avanzó en la protección de los sectores postergados de la población con el establecimiento del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y la promulgación del Código de Trabajo. Ese conjunto de disposiciones suscitó la reacción conservadora y la inconformidad de la jerarquía eclesiástica.

En el ámbito de las relaciones exteriores, el gobierno de Arévalo Bermejo no estuvo exento de controversias. La postura anticolonialista de la delegación guatemalteca en la IX Conferencia Internacional Americana en marzo de 1948 provocó el resquemor de las metrópolis. Guatemala promovió en 1947 el proyecto de "partición de Palestina" en el seno de la Comisión de Naciones Unidas que presentó el informe favorable a la creación del Estado de Israel. Arévalo fue el único presidente latinoamericano que comprometió el voto de su gobierno antes de la realización de la Asamblea de la ONU del 14 de mayo de 1948 que reconoció al Estado judío.

En la Historia General de Guatemala Alcira Goicolea afirma sin respaldo bibliográfico que "Arévalo se embarcó en unas aventuras intervencionistas, como intentar el derrocamiento del régimen de Trujillo, en la República Dominicana, patrocinando a la llamada Legión del Caribe".

Juan José Arévalo reconoció en sus memorias, publicadas póstumamente, la existencia de planes que habían sido "discutidos y acordados" en la Ciudad de Guatemala "sobre una alianza de fuerzas democráticas para derribar las dictaduras del Caribe". El acuerdo se incluyó en sus remembranzas con el nombre de "Pacto de alianza entre los grupos representativos de la política dominicana, nicaragüense y costarricense, para derribar a las dictaduras imperantes de sus Patrias y restablecer en ellas la Libertad y la Democracia", suscrito en la Ciudad de Guatemala el 16 de diciembre de 1947".

Arévalo afirma que "en un convenio verbal, del que no se dejó constancia escrita fue acordado que la primera operación conjunta sería desencadenada contra la dictadura nicaragüense" y que el movimiento revolucionario de marzo de 1948, encabezado por José Figueres Ferrer y con el cual se depuso al presidente Picado, se "violaba aquel Pacto y desataba la guerra en territorio costarricense, lo cual estaba fuera de lo convenido". Líneas más adelante reconoce que "la rebelión de Figueres, por consiguiente, tuvo que arrastrar a Guatemala, a pesar del desagrado personal que a mí me causó la conducta del aprovechado político […] aunque "como consecuencia se estableció en Costa Rica un nuevo Gobierno, el cual se mantuvo en estrecha alianza con el de Guatemala".

El ex gobernante guatemalteco señaló: "De abril de 1948 en adelante, pues, mi Gobierno tiene en el exterior dos imágenes contradictorias, y desde cada una de ellas se arrojarán aplausos o injurias sobre nosotros. Honduras, Nicaragua y República Dominicana exacerbaron sus ataques a mi Gobierno". Finalmente, se dio la ruptura con el gobierno nicaragüense de Anastasio Somoza García y con el de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana.
Estos hechos no pasaron inadvertidos para Ernesto Guevara de la Serna. Mientras se encontraba de paso en Costa Rica anotó en su diario de viaje, el cual permaneció inédito hasta noviembre de 2001, las siguientes apreciaciones:

"En Guatemala, con la presidencia de Arévalo se había formado lo que dio en llamarse las Repúblicas Socialistas del Caribe. Apoyado el presidente guatemalteco por Prío Socarrás, Rómulo Betancourt, Juan Rodríguez, un millonario dominicano, Chamorro y otros. El plan revolucionario primitivo era desembarcar en Nicaragua y desalojar a Somoza del poder, ya que Salvador y Honduras caerían sin mayor lucha, pero Argüello, un amigo de Figueres, planteó el problema de Costa Rica, su convulsionada situación interior y Figueres voló a Guatemala. La alianza se llevó a cabo y Figueres se alzó en Cartago tomando rápidamente el aeródromo de las armas, punto necesario para recibir ayuda por aire."


De la "moderación girondina" del gobierno de Arévalo se pasó a la "determinación jacobina" del régimen de Jacobo Arbenz Guzmán en la búsqueda de un proceso de modernización sin exclusiones ni privilegios. Los tres objetivos fundamentales del programa de gobierno del segundo eran transformar la condición dependiente de Guatemala, con una economía semicolonial, en una nación independiente; convertir un país atrasado con economía semifeudal en una Guatemala moderna y capitalista; y lograr que esos cambios se tradujeran en la elevación del nivel de vida de la población. El propósito de industrializar Guatemala y transformarla en país capitalista representaba "dos maneras de denominar una misma cosa" y de ahí que "la industrialización del país no [podía] realizarse sin la reforma agraria".

Las acciones emprendidas por el régimen de Arbenz fueron determinadas por los monopolios ejercidos por empresas norteamericanas. La mayoría del comercio exterior de Guatemala se realizaba en el Atlántico por Puerto Barrios, dominado por la United Fruit Company (UFCO). La International Railways of Central America (IRCA) era la propietaria del ferrocarril que constituía el único acceso terrestre para esas instalaciones, con un cuarenta por ciento de las acciones controladas por la UFCO. La totalidad de la energía eléctrica consumida por la población, el comercio y la industria en la zona central de Guatemala, donde se concentraba la capacidad productiva del país, era generada por la Electric Bond and Share Company.

El gobierno arbencista se propuso la construcción de tres grandes obras: una carretera hacia el Atlántico y un puerto en ese litoral, y una hidroeléctrica con una capacidad cuatro veces superior a la de la subsidiaria estadounidense. A la par, el 17 de junio de 1952 decretó la reforma agraria para "desarrollar la forma de explotación y métodos capitalistas de producción en la agricultura y preparar el camino para la industrialización de Guatemala".

La oposición conservadora perdió capacidad de respuesta ante las medidas revolucionarias tomadas por el gobierno nacionalista por lo que se dedicó a una sistemática labor de zapa patrocinada por la Frutera y guiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos.

Concebida y orquestada para llevar al poder un gobierno "compatible" con la United Fruit, la denominada "Operación Éxito" rompió todas las normas del derecho internacional, violó los convenios internacionales y demostró la incapacidad de las organizaciones internacionales para contener la agresión en contra de un país débil. El secretario de Estado norteamericano John Foster Dulles, calificó la culminación de la agresión contra Guatemala como una "gloriosa victoria".

En la noche del 19 de junio de 1954, el presidente Arbenz, acosado por los ataques aéreos y las invasiones fronterizas, hizo un dramático llamado a la nación:

"Nuestro único delito consistió en decretar nuestras propias leyes y aplicarlas a todos sin excepción. Nuestro delito es haber iniciado una reforma agraria que afectó los intereses de la United Fruit Company. Nuestro delito es desear tener nuestra propia ruta hacia el Atlántico, nuestra propia energía eléctrica y nuestros propios muelles y puertos. Nuestro delito es nuestro patriótico deseo de avanzar, progresar y obtener una independencia económica que vaya de acuerdo con nuestra independencia política. Hemos sido condenados porque hemos dado a la población campesina tierra y derechos."

Luis Cardoza y Aragón hizo un ejercicio histórico hipotético en el caso que se hubiera defendido la Revolución Guatemalteca ante la agresión promovida por los Estados Unidos:

"Si hubiéramos utilizado las guerrillas para resistir siquiera un mes, nuestra contribución a la libertad de Hispanoamérica habría sido de importancia inconmensurable […] Habría habido cientos de voluntarios guatemaltecos, mexicanos y latinoamericanos siempre dispuestos a luchar contra el imperialismo yanqui […] América se habría alzado como un océano, la protesta universal. Ésta era la única salvación."

Para Cardoza y Aragón, la "batalla de Guatemala" debía darse con las armas y no sólo en los foros internacionales o con polémicas entre las cancillerías. Hasta el último momento defendió el derecho de autodeterminación del pueblo asediado. Unos meses antes de la invasión mercenaria pronunció un discurso memorable en México, durante la celebración de un aniversario de Cuadernos Americanos:
"¿Qué hemos hecho? ¿Por qué tales acusaciones? ¿Qué ley, qué organismo, qué institución de Guatemala puede juzgarse en algún aspecto extremista? Lo exótico y extremista han sido el atraso y la miseria, el semifeudalismo que hemos vivido. Entramos al siglo XX hasta 1944. Éramos un Estado dentro de una compañía extranjera. Una banana republic con la libertad de Jonás en el vientre del monstruo. Guatemala es hoy uno de los países más libres de la tierra. Nuestros crímenes son un código de trabajo, un seguro social, la reforma agraria, votar con dignidad de país soberano en las reuniones internacionales y no crear cavernarias instituciones maccartistas."

En el prefacio de los escritos políticos del ex canciller guatemalteco Enrique Muñoz Meany, Cardoza asentó que el rechazo del imperialismo no lo condujo a despreciar al pueblo de los Estados Unidos, ya que éste también ha sido víctima de los propios imperialistas.


Al final, ¿qué ocurrió con la transnacional intervencionista? En 1960, la UFCO anunció la disposición de vender, alquilar o negociar sus posesiones en América Latina y que luego compraría la producción a los nuevos propietarios o arrendatarios de las plantaciones. Esa especie de desafecto por las tierras tenía una explicación para Miguel Ángel Asturias:

"El menguado interés que la Compañía Frutera muestra ahora por lo que han sido sus feudos, con esclavos mal pagados, sin escuelas, sin hospitales, se debe a que, a pesar de la 'gloriosa victoria' de los Estados Unidos contra Guatemala, y de la 'Operación Guatemala', en Honduras se les empezó a mover el piso, y ya no digamos en Costa Rica, donde […] acaba de terminarse, a principios de este año, una huelga en que, a pesar de los esfuerzos de los abogados de la compañía, Mamita Yunai fue condenada a pagar fuertes sumas a los trabajadores."

Asturias encontró una analogía profética de ese "viento humano" con el "viento fuerte" anunciado en su novela, publicada con ese título en 1950: "es el 'viento fuerte de las reformas sociales', lo que está barriendo con los restos de ese imperio de oprobio y de vergüenza, al que sólo le faltó su bandera negra, con las tibias cruzadas, y la calavera riéndose de las mejores tradiciones americanas, incluyendo a los Estados Unidos."

La intervención norteamericana de 1954 "no dejó ni un adarme de simpatía" en Guatemala, para recrear la expresión del general Máximo Gómez, héroe de la independencia cubana.

Fuente: www.lahora.com.gt


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