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Quiroa: la puerta de escape
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 2 de noviembre de 2004

El viejo brujo de Samayac, dueño de secretos inescrutables, le hizo la admonición al niño, llevado ante su presencia para curarlo de los extraños delirios que lo ensoberbecían sin asomo de fiebre:

-Serás un alma cautiva, mientras éste sea el reino del silencio.

Dicho esto, unió su índice con el de la pequeña mano que tenía ante sí. Formaron una voluta en el aire enrarecido por el incienso, para finalizar sobre la boca del muchacho, con la señal para callar a quien dice algo más de la cuenta. Después del ritual, los delirios desaparecieron. Hoy los accesos de una imaginación desmedida se calcinaron en el hombre que escrutaba anhelante. Talvez por eso no pintó niños, pues les envidiaba la mirada limpia.

El eco indescifrable de las palabras del zahorí todavía reverbera insistente, como la gota de agua taladradora de la piedra de hueso que cubre el encéfalo.

El silencio perdura. Silencio gélido, sonido del miedo que hace voltear la cara, santiguarse con premura, meter la cabeza en el agujero oscuro mientras el cuerpo de avestruz de patas cortas está descubierto. Volver a la costumbre romana de instalar gansos en la puerta del dormitorio. Extraño designio del oráculo nativo para quien avizora las calles polvorientas y perdidas, donde deambula la gente con el índice presionando sus labios.



Mortaja y pañal, portavianda y mantel, el perraje es vuelta al color en ochenta mundos. Mundos anchos y propios, angostos y ajenos. Uno cabe en un suspiro. Otro, con el satélite borracho en su órbita. Este, capturado cuando se dobla la carta de navegación en que se resuelven los misterios de mares ignotos, infestados de peces abisales de siglos olvidados, con el espinazo descubierto. Cielo con nubes color malva y rosa, algodón de azúcar deshecho en el paladar. Pitas de mango atrapadas en las encías, pepitas congeladas en el agua dura de las sandías dulces.

Capas, estratos, todos los tipos de sedimentos de una geología uniforme. Colores primarios que persiguen a los complementarios, escondidos en sus luces de fuga. Pelo canche de español intruso, de pubis ignorante del sol, ovillo de barba morisca enroscado en la memoria. Lana gruesa y curada. Colores machos y hembras, copulantes sin rubor. Lecho extendido sobre la yerba, en que se seca el sudor de los retozos de amor. Tela para cargar los chirices y las penas.

De ahí, los rostros inmóviles, guarecidos en la manta del olvido. Magdalena sin encajes guardiana de los secretos de confesión que con su vaho empañan el espejo barnizado de la madera benedictina. Rasgos esquivos. Facciones galopantes, pupilas siempre dilatadas. La mirada fija y labios de comisuras suplicantes. Perraje para adornar las naves de la iglesia en donde se enfría la cera de las candelas al consumirse las esperanzas. Rezo perpetuo.



Equis repetida tres veces con yeso húmedo en la tapa del ataúd de pino. Los números romanos del nombre sustraído, la edad perdida y la dignidad olvidada. Equis para la cruz sin travesaño, la forma donde la púa establece su áspera geografía y la coordenada precisa en que la figura humana se extiende buscando la proporción forense de Da Vinci, con los costados desguarnecidos.

Equis consecutivo, sutura apurada, costura saliente y dura sobre las frentes de los cráneos vacíos. El nombre de Cesárea Ramos. Equis sobre la pantalla de radar para espiar la vida de los demás. Equis que no se pronuncia como jota, tomada de un alfabeto desaparecido. El signo de multiplicación de las frustraciones.

Ventana para tocar cielos sin soles y atrapar el volcán cansado de lomo vencido. Cajón que cubre la luz de la paciente bujía. Bodegón de parafina, pan y vino. Por el respiradero escapa en lento remolino la pluma del pájaro brillante, moribundo por la falta de trino.

Soga al cuello, pescuezo amarrado, pico amordazado, boca con vendaje.

Umbral del pasillo para huir en una tracción, fracción de fuga, jaula abierta, perrera para pájaros, escotilla abierta.

Puerta de escape. La puerta de par en par.

Al fin, en paz.

Fuente: www.lahora.com.gt


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