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¡Recuerden El Álamo!
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 4 de noviembre de 2004

Hoy, cuando en el imperio triunfaron de nuevo los halcones de la guerra, Hollywood presenta The Alamo (El Álamo), película dirigida por John Lee Hancock. El filme ha estado en la cartelera de los cines y también puede encontrarse en las tiendas de vídeo. En la contratapa del DVD se lee, en traducción libre mía, que trata del "histórico relato de los 200 valientes que hicieron el último sacrificio en el nombre de la libertad y durante trece días defendieron un pequeño fuerte en Texas del ataque ¡de un ejército entero!"

El filme es protagonizado por Billy Bob Thornton (David Crockett), Jason Patric (James Bowie) y Patrick Wilson (William Travis), que comandaron la resistencia de la fortaleza y cuyo "coraje inusitado vivirá por siempre como un renovado clamor por la libertad y la independencia", de acuerdo al texto que anuncia el trabajo cinematográfico.

Dennis Quaid representa a Sam Houston, quien dirigió las fuerzas armadas separatistas y que en San Jacinto vociferó "Remember The Alamo!" para animar a los suyos y vencer a las fuerzas de Antonio López de Santa Anna (Emilio Echevarría).

La cinta recrea el enfrentamiento entre los mexicanos y los separatistas texanos que en 1836 rechazaron la nueva Constitución centralista. Santa Anna levantó un ejército de seis mil hombres y emprendió la marcha para reducir a los secesionistas. El general mexicano amenazó con llegar al mismísimo Capitolio si los estadounidenses apoyaban a los rebeldes: "La línea divisoria entre México y Estados Unidos se fijará junto a la boca de mis cañones".

Después de El Álamo, la temeridad de Santa Anna y la dispersión de sus tropas condujo a que fuera derrotado y hecho prisionero. Estuvo preso siete meses en Texas y fue obligado a firmar un "vago tratado" que propició la independencia de Texas. A su retorno publicó un "Manifiesto" exculpatorio de su campaña, emprendida con hombres con poca experiencia, cansados, hambrientos, en terreno difícil, él con una responsabilidad "napoleónica" y que un "descuido" provocó su derrota en San Jacinto a manos de Sam Houston: "nunca pensé que un momento de descanso nos fuese tan funesto."

Houston sabía que al final Washington arrebataría Texas primero y la mitad del territorio mexicano después. El Álamo y San Jacinto son las encarnaciones sangrientas de la doctrina Monroe (1823), que vislumbraron el curso del imperialismo angloamericano al sur del río Bravo.

El yucateco Lorenzo de Zavala (1788-1836), gobernador del Estado de México y primer vicepresidente de la "república" de Texas inventada por mercenarios de los bajos fondos de Nueva Orleáns, escribió algunos libros persuadido de que Estados Unidos no es un país imperialista, pues la palabra "imperio" tiene resonancias antirrepublicanas.

La diferencia es la conciencia de la existencia del imperio, como lo destacó con agudeza el político chino Chou En-Lai (1898-1976): "Todos los pueblos oprimidos del mundo saben qué es el imperialismo, pero sólo el pueblo de México sabe qué es vivir al lado de otro imperialista".

El espíritu esclavista de los Houston, Austin, David Crockett y George W. Bush continúa rampante. Los tratados Guadalupe-Hidalgo (1848) y McLane-Ocampo (1859), que México fue obligado a suscribir, tienen su correlato contemporáneo en el Plan Puebla Panamá y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); en un ámbito más lejano, corresponden al diseño de "libertad" y "democracia" para Irak.

Mientras los marcianos sigan al frente del gobierno de Estados Unidos, sólo podemos esperar más guerra y la proliferación del terrorismo. La culpa es de quienes no han aprendido las lecciones de la historia. El Álamo fue un pretexto para justificar el arrebatamiento de Texas y la mitad del territorio mexicano. De manera similar, la voladura del Maine (Recuerden el Maine! gritaron esa vez), dio pábulo para declarar la guerra a España en 1898 y apoderarse de Cuba, Puerto Rico, Guam y Las Filipinas.

¡Recuerden El Álamo! tiene otro significado de este lado, en el traspatio: no olvidar el clamor para convertirnos en colonias de Estados Unidos.

Fuente: www.lahora.com.gt


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