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¿Boda del año?
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 20 de noviembre de 2004

Hoy el clan Ríos Montt festeja el matrimonio de Zury Mayté con el congresista estadounidense Jerry Weller. Esas nupcias alegran a quienes rodean a la diputada enamorada, que ha llevado varios hombres al tálamo.

Al principio se dijo que los esponsales se profesarían en Bali, una remota isla de Indonesia. Sin duda, el arraigo judicial del padre de la contrayente evitó que la boda estuviera cerca de la curiosidad pública guatemalteca. Para infortunio de los balineses, no hubo oportunidad de recibir al Varón de los Arrasamientos, circunstancia que según me comentó un amigo, podía reavivar el recuerdo de la matanza de 1906, cuando la isla se encontraba sitiada por los colonizadores holandeses. Los monarcas de los ocho reinos de Bali, viéndose en la encrucijada de someterse a los conquistadores o morir, decidieron luchar hasta el final o quitarse la vida en lo que todavía se rememora como la masacre de Puputan. Según la leyenda, las balinesas prefirieron arrojarse a las bayonetas antes que aceptar la servidumbre.

Talvez en 2004 ocurrió un milagro en ese edén de tranquilidad y joya turística de Oriente, como sucedió casi un siglo antes: el rey de Tabanan, su familia y los habitantes de Krambitan acudieron al templo para pedir a los dioses que expulsaran a los malos espíritus y así devolvieran la inocencia a la isla. Cuando los holandeses invadieron, las tropas balinesas respondieron con un contraataque. En las batallas heroicas que siguieron, ninguna de las armas modernas de los holandeses funcionó, permitiendo que la batalla fuera un enfrentamiento de hombre a hombre. En este año, quizá un influjo sobrenatural impidió que los isleños fueran perturbados con la presencia de uno de los señores de la devastación.

Ahora las copas se alzan en La Antigua para felicitar a los novios. El escenario es pacífico. Lo rodea la pasión de quienes malquieren a El General, para convertir el casamiento en una puesta en escena propia de una obra de Federico García Lorca, en que convergen los tres valores más sustanciales del ser humano: el odio, el amor y la muerte, que tejen entre sí un drama total. El principal protagonista es Efraín, el varón del asolamiento, una presencia tanto aborrecida como exaltada, pero que no deja de estar asociada a muchas ausencias forzosas.

Hoy bien puede resonar la voz acongojada de la Madre de la pieza lorquiana Bodas de Sangre, quien refiriéndose a la novia que podría ser la amartelada Zury Mayté, asegura: "Ella no tiene la culpa; ¡ni yo! ¿Quién la tiene pues? Floja, delicada, mujer de mal dormir es quien tira una corona de azahar para buscar un pedazo de cama calentado por otro cuerpo".

La contrayente puede protestar su honradez, pero de la voz singular pasamos a miles de madres que le pueden preguntar: "¿Qué me importa a mí tu honradez? ¿Qué me importa tu vida? ¿Qué me importa a mí nada de nada? Benditos sean los trigos porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos."

Algunos se darán un festín noticioso; otros estarán cerca de calificar el suceso como la "boda del año" en Guatemala. A mí me recuerda el coro trágico que recita las estrofas finales de Bodas de Sangre:

"Vecinas, / en un día señalado, entre las dos y las tres, / un cuchillo, un cuchillito / que apenas cabe en la mano, / penetra fino / por las carnes asombradas / y se para en el sitio / donde tiembla enmarañada / la oscura raíz del grito."

Fuente: www.lahora.com.gt


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