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Presunción de inocencia
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 25 de noviembre de 2004

Las noticias de sucesos han saturado los medios de comunicación en nuestro país desde que se masificó la forma de cubrir y brindar la información. Las prácticas más comunes como homicidios, secuestros, robos, accidentes, etcétera, han provocado un interés colectivo en el cual se mezclan morbo, intriga y psicología. Las reacciones son más patentes ante los medios audiovisuales, que en su afán de cubrir los acontecimientos no guardan muchas veces el decoro de no mostrar imágenes cruentas y desgarradoras, además de irrespetar el sufrimiento de las víctimas y sus familiares.

La competencia empresarial más que periodística dio lugar a otro fenómeno: la clasificación de los medios escritos de acuerdo con el público lector, de manera que los periódicos se editan en correspondencia a la extracción social de quienes los compran. El éxito de los periódicos como Al Día y Nuestro Diario puede atribuirse al sensacionalismo, abordado con profusión gráfica, estilo directo, concisión y alta dosis de sutil erotismo.

La atención popular dada a los sucesos atrae tanto como la divulgación deportiva, en especial la proveniente del fútbol. A diferencia de sociedades en donde la opinión ciudadana alcanza estado público, en Guatemala las noticias emanadas de instancias gubernamentales y partidarias no son tan apetecidas, salvo que se trate de escándalos. Aquí la política es llamativa en tiempo de elecciones generales. En circunstancias ordinarias, sólo merece la atención cuando se mezcla con los sucesos para evidenciar conductas impropias como abusos de autoridad, corrupción, desfalcos, malversaciones, tráfico de influencias, etcétera.

El protagonismo de los medios de comunicación social en el ámbito político se debe al descrédito de las instituciones, en especial las partidarias. Arrogarse funciones de fiscalización es uno de los signos de la crisis de la democracia de partidos, un cuadro que aparece generalizado en América Latina. Este fenómeno también se ha manifestado en el incremento de los porcentajes de abstención electoral, el desprestigio de la actividad partidista que revelan los sondeos de opinión y la frecuencia con que el partido de gobierno se derrumba en las elecciones donde se elige a su sucesor.

La concentración de empresas informativas y la multiplicación de medios debido a la preponderancia de la comunicación como primer y avasallante poder provocó la vulgarización del periodismo. Esta circunstancia también ha afectado el tratamiento de los sucesos, que no reciben un tratamiento riguroso acorde con su naturaleza crítica. En lugar de profesionalismo, se ha incurrido en el morbo fácil y las precipitaciones, con personal muy joven contratado para abaratar costos de producción. El resultado es que reporteros y redactores de escasa formación están sujetos a fuertes presiones, lo que conlleva la inobservancia de ciertos principios.

Uno de ellos es la garantía constitucional conocida como presunción de inocencia. Este es uno de los derechos que menos se observa en los medios periodísticos. Es frecuente la exhibición pública de personas culpadas de la comisión de delitos, si bien deben ser consideradas inocentes mientras no se pruebe lo contrario. Para preservar ese derecho, el informador no puede culpar a un sospechoso de algún delito o a un acusado hasta que no exista sentencia.

En apariencia se respeta ese derecho fundamental al anteponer los calificativos de "presunto" al sospechoso o "presuntamente" a los actos que se afirma ha cometido. También se emplea "supuesto" o "supuestamente". La reiteración de esas anteposiciones termina por vulnerar la referida presunción de inocencia. Cuando alguien es calificado con insistencia como "presunto asesino" o "presunto ladrón", termina por violarse sus derechos ciudadanos pues ese recurso periodístico incumple su función debido al exceso. Lo que se impone es la imagen del "asesino" o el "ladrón" que el público ve demasiadas veces y no goza del beneficio de la duda por parte de los periodistas. Asimismo, los hechos no deben aparecer como protagonizados por ese "presunto", ya que no hay condena en sentencia debidamente ejecutoriada, y muchas veces ni siquiera existe confesión o pruebas.

Fuente: www.lahora.com.gt


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