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La Primera Estación de Juan José Arévalo (1904-1920)
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 30 de noviembre de 2004

Taxisco se encuentra a los pies del Cerro de las Cruces, también llamado Cerro de Tecuamburro, ya que en uno de sus extremos se localiza el pequeño volcán del mismo nombre. Desde el pueblo se aprecia la falda suave del volcán que cubre las emanaciones hogareñas de Chiquimulilla. Al contemplar al oriente del Tecuamburro asoma el macizo montañoso de Moyuta y más allá el Izalco, con sus humaredas permanentes.

Al volver la vista al occidente, ubicado el mirador más al sur de Taxisco, se divisa el Cerro de La Gavia, escenario de guerrillas del siglo XIX. Más al poniente puede observarse la sucesión monumental del Pacaya, el volcán de Agua, la yunta volcánica del Acatenango y la cúspide astillada del volcán de Fuego. Si un espectador se coloca aun más al sur, comprobará cómo se ayuntan el Tolimán y el San Lucas. En un día diáfano puede verse al final del horizonte la cumbre del Santa María, bastión de los parajes fríos.

En medio de este escenario telúrico, tierra de leche y de miel, nació Juan José Arévalo Bermejo, el 10 de septiembre de 1904. En el libro de registros de la Municipalidad de Taxisco quedó inscrito como hijo de Mariano Arévalo Bonilla, agricultor, ganadero, originario y vecino de ese lugar, y de Elena Bermejo de Paz de Arévalo, maestra de Instrucción Primaria, oriunda de Chiquimulilla.

Los taxistecos de principios del siglo XX estaban consagrados a la crianza y engorde de ganado y a la producción de leche, quesos, mantequilla, carne y cueros, actividades que permitían una valiosa contribución a la economía nacional. Los habitantes de Taxisco medían su riqueza por caballerías de zacatales, cabezas de ganado, litros de leche, botellas de crema, garlos de quesos y arrobas de cuero y de sebo.

En 1906, sobrevino la guerra con El Salvador, recordada como "la del Totoposte". Mariano Arévalo se integró en el ejército con el grado de capitán y participó en varias acciones cerca de los cerros de Mongoy. Las falsas noticias sobre su fallecimiento provocaron el pesar y la muerte de su madre Ana Cleta. Un mes después cesaron las hostilidades. Mariano regresó a Taxisco, sólo para llorar lo que reconoció como la mayor pérdida en la vida familiar.

Juan José fue compañero de la soledad de su madre, de quien recibió las primeras lecciones de estética. De sus labios escuchó sobre la existencia de mundos distantes, de gentes de otras culturas que empleaban diversas lenguas. "La madre maestra, la madre poetisa, la poetisa inédita, escribía así sus mejores versos, sus versos de oro y de miel, en el alma de su hijo."

En una tarde 1910, Juan José tomó un libro y empezó a silabear en voz alta, como resultado de su asistencia a la escuela pública, a donde fue enviado para apartarlo de las correrías con Cunco y Chanquín, muchachos de familia muy pobre y "amos de la calle". La rebeldía del niño cedió a medida que fue cautivado por la escuela. Poco después inició el aprendizaje en la doctrina católica, instruida por su pariente María Lázaro Arévalo. Esa preparación permitió que realizara su primera comunión, vestido de azul marino y de zapatos nuevos. Esas fueron las primeras imágenes que quedaron grabadas en su mente:

"De la escuelita pública a la escuela de María Lázaro, de las escuelas al río, del río al monte, del monte a los caminos, de los caminos a los patios donde jugábamos cincos, tejo o salta-burro: así transcurrió aquel año, primero de que conservo memoria. Una infancia borbollante, entre solemne comunión y deletreos en coro, trepar de árboles y persecución de culebras y cangrejos bajo las piedras de los ríos, o sacando de sus cuevas a las horripilantes 'arañas de caballo' y el hartazgo de frutas tumbadas del palo por la propia mano con pericia de lapidantes. Biología, deporte, religión, alfabeto se trenzaron en aquel año."

Doña Elena consideró que su hijo debía ser apartado del ambiente naturalista-cristiano en que se desenvolvía para ingresar en una cultura claustral. La maestra-madre resolvió enviarlo a la capital de Guatemala cuando contaba seis años cuatro meses, expatriación que Juan José consideró "un poco cruel". Después comprendió que esos sufrimientos tenían como propósito su ingreso a superiores instancias culturales. En la ciudad lo acompañó y cuidó el hermano mayor Javier Arévalo Pinto. Ambos ingresaron en la Escuela Normal Central de Varones, situada fuera de la capital en el entonces remoto paraje denominado Pamplona. Ese establecimiento estaba fusionado con el Instituto para la Educación de Indígenas, conocido como "la Normal de Indígenas".

Las clases iniciaron en enero de 1911. Había unos doscientos alumnos internos, distribuidos por edades en los dormitorios. Juan José fue ubicado en el número seis, en donde dormían los más pequeños, alrededor de veinte. El ambiente era insufrible debido a los parásitos en los dormitorios, la mala calidad de la comida y los maltratos físicos. Las raciones eran magras durante desayunos y almuerzos, pero disfrutaban de una especie de compensación en la última comida cuando les servían un sabroso arroz endulzado a base de rapadura, llamado "güifa". Ese manjar se convirtió en una especie de símbolo privativo de la Normal, al extremo que, en cierta ocasión en que dejaron de suministrarlo, los internados se declararon en huelga: "Recuerdo como si fuera hoy la ira de los muchachos grandotes tirando piedras, garrotes, botellas vacías, vociferando contra las autoridades. Director, profesores e inspectores (los temibles tiranos en épocas normales) se escondieron esa vez".

Se cursaban los seis años de Primaria, tres de Elemental y tres de Complementaria, y cuatro años de plan normalista. La escuela era dirigida por un pedagogo belga, Julio Connerot. El primer maestro de Juan José fue Jorge Hurtarte, a quien recordó como docente dedicado y persona digna. Connerot no soportó el régimen de Manuel Estrada Cabrera y se trasladó a El Salvador, seguido por Hurtarte. El director fue sustituido por un joven pedagogo guatemalteco, Mercedes Fuentes, quien democratizó la disciplina de la escuela. Esa innovación le costó una destitución humillante, en las postrimerías de 1912. En lugar de Hurtarte fue nombrado Abel Carrillo Ramírez, recordado como "duro" y "áspero".

Durante las vacaciones en Taxisco de 1911, los Arévalo se quejaron de las duras condiciones vividas en la capital, pero no lograron que aprobaran la interrupción de sus estudios. Para aliviar la situación, se agregó otro hermano, José Lino Arévalo Bonilla, de unos veinte años y quien en lugar de estudiar se encargó de vigilar que Javier y Juan José fueran tratados "con algún sentido de humanidad".

Juan José no ocultó su admiración por la Reforma Liberal de 1871, la cual instituyó una "forma laica y democrática de preparar a los futuros trabajadores del aula". La Escuela Normal había instituido el 30 de junio como día festivo. El retrato de Justo Rufino Barrios era colocado al lado del de Estrada Cabrera, y el himno al primero "era tan obligatorio como el himno nacional".

La intensificación de las quejas de los hermanos Arévalo por el trato recibido en la Escuela Normal provocó la conclusión del ensayo culturalista capitalino. En 1913, Juan José fue inscrito en el "Instituto Modelo de Taxisco", dirigido por Federico Valladares. En ese año estaba por concluirse la construcción de la nueva casa familiar, un "sistema" consistente en cinco edificios construidos en el mismo sitio donde estuvo la casona de palma del abuelo Juan Arévalo Avalos. El Taxisco de entonces era atravesado por dos avenidas paralelas cortadas por siete calles transversales. Juan José trazó un plano del pueblo de mil habitantes, con unas doscientas casas, dos ríos y frondosos bosques. Las burlas de un pariente impidieron que conservara el dibujo.

Las excursiones a las vecinas Chiquimulilla y Guazacapán lo pusieron en contacto con manifestaciones culturales. En la primera se había organizado un equipo teatral que puso en escena las obras "Flor de un día" y "Espinas de una flor" de Camprodón. El tinglado lo armaron en mitad de la calle más ancha del pueblo. En Guazacapán se montaban farsas de moros y cristianos para las fiestas de Concepción, representadas en una tarima en el patio de la iglesia. Allí también presenció el "Médico a palos" de Moliére.

Doña Elena de Arévalo organizó en Taxisco una compañía teatral. Su primera pieza fue "Tempestades del Alma" de Vicenta Laparra de la Cerda. Los papeles protagónicos estuvieron a cargo de María Luisa Godínez, Jovino Arévalo y María Lázaro Arévalo. Los ensayos escénicos fueron mantenidos por equipos de niñas.

En ese 1913, la familia Arévalo viajó a El Salvador para visitar a San Antonio del Monte, en Sonsonate. Al retornar fueron detenidos en Guaimango y conducidos a Ahuachapán, debido al reciente asesinato del presidente salvadoreño Manuel Araujo atribuido a Estrada Cabrera, por lo que se dio la orden a apresar a todo guatemalteco que anduviera por los caminos. Permanecieron en la cárcel una noche y luego fueron escoltados por soldados salvadoreños hasta la frontera con Guatemala.

En 1914, Juan José volvió a la ciudad de Guatemala, en donde fue inscrito en el colegio católico "Domingo Savio". El centro educativo funcionaba al lado de la Iglesia de la Parroquia Vieja. El rector era el sacerdote Pedro Palacios, quien también era el párroco de la iglesia. La vida escolar se dividía en largos menesteres religiosos y cortos entreactos didácticos. Ante la carencia de certificados escolares, Juan José fue inscrito en el segundo año de la Elemental.
En ese entonces la educación primaria se dividía en dos ciclos: la Elemental y la Complementaria, cada uno subdividido en tres años. Los alumnos iniciaban por tercera Elemental, luego accedían a la segunda y por último cursaban la primera. Si aprobaban la primera Elemental, eran inscritos en tercera Complementaria, seguían con la segunda y concluían en la primera Complementaria. A los cuatros meses de estudiar en el "Domingo Savio", el niño Arévalo fue promovido a la primera Elemental gracias a que leía con fluidez.

A mediados de enero de 1915, los padres de Juan José dispusieron que ingresara a la tercera Complementaria en el Instituto Nacional Central de Varones. La institución estaba a cargo del general Enrique Arís, liberal rufinista, quien le formuló pruebas aritméticas en su despacho, las cuales no resolvió. Retornó a Taxisco para estudiar en un colegio privado dirigido por el maestro indígena Visitación Chamo, egresado de la Escuela Normal de Pamplona. Ese año escolar lo evocó por su fuerza vital educativa y no por la calidad didáctica de las enseñanzas recibidas. Ese fue un ciclo "de repaso y de reposo" que le permitió la afirmación interior en el conocimiento de lo taxisteco.

A principios de 1916, Juan José tenía una cita de honor con el general Enrique Arís para poder ingresar al Instituto Nacional Central de Varones. De nuevo realizó el viaje hacia la ciudad de Guatemala, en compañía de su hermano Javier, becario en el Conservatorio. Durante el trayecto, los hermanos recibieron la palabra sobria y amistosa del padre, quien los aconsejó con la autoridad que le reconocían. Su filosofía de hombre de aldea quedó grabada en su conciencia durante el resto de su vida. Logró la aceptación del director militar para cursar la tercera Complementaria. Su gran descubrimiento bibliográfico fue el libro Corazón, del escritor italiano Edmundo de Amicis, utilizado como libro de lectura. De las páginas de ese diario de un niño sus compañeros tomaron el apodo "Garrón", con el cual lo identificaron.

En 1917 participó en las últimas "Minervalias", como llamaba Estrada Cabrera a las fiestas escolares de fin de año. Los instituteros pidieron armas verdaderas para el desfile, suministradas por el fuerte de Matamoros. El uso de fusiles se convirtió en suplicio. Descansaron hasta llegar al término de la marcha, ubicados entre el Templo de Minerva y el Mapa en Relieve. Fue ahí donde Arévalo escuchó el discurso bombástico dirigido al "Benemérito de la Patria" y "Protector de la Juventud Estudiosa".

Entre 1917 y 1918 hubo un hito trágico en el talante de un pueblo y en la existencia de Juan José, quien se encontraba en Taxisco. Un temblor a las nueve y media de la noche del 25 de diciembre de 1917 fue el preludio del terremoto que se desencadenó una hora después. Desde entonces se sucedieron los movimientos sísmicos hasta el 24 de enero de 1918. La capital de Guatemala se saturó de escombros y pavor. Estrada Cabrera nombró al General Enrique Arís como encargado de organizar el socorro de los necesitados. "Y se acabó mi ciudad Capital: la mía. La de los portales bulliciosos, la de los Corpus coloridos y alegres, la de los ciclistas saltantes y de los tranvías a sangre. El teatro Colón había caído, la plaza de toros también, no había un cine en pie, el colegio Domingo Savio en el suelo, el Instituto Central de Varones perdió sus techos y en los patios se hacinaban familias innumerables. La Normal de Pamplona, inservible. [...] Y 'ya no más' colegios capitalinos para Juan José."
A comienzos de 1918 ingresó a la primera Complementaria en el Instituto de Oriente , en Chiquimula, dirigido por Adrián Zapata. Aquel último grado de lo que ahora se denomina nivel primario era una especie de pequeño bachillerato con asignaturas como Química, Física, Historia Universal, Geografía, Teneduría de Libros, Gramática Castellana y Aritmética. Fue designado por sus compañeros como presidente de una sociedad literaria denominada "Ensayos del Verbo". Convertido en uno de los mejores estudiantes, concursó con el estudiante Alejandro Arturo Mayorga para ser promovido a primer año de bachillerato, disputa de la que se alzó triunfador, pero al final continuó en la primera Complementaria.

En ese 1918 viajó de emergencia a Taxisco al temerse la muerte de su padre, quien se recuperó. Regresó a Chiquimula a presentar los exámenes de fin de año. Durante las vacaciones en Taxisco se encontró con el azote de la llamada "influenza española" que cobró numerosas vidas en todo el país. En 1919 y 1920 fue el buen estudiante de siempre, pero su atención era una especie de vidrio roto al abrirse al mundo del erotismo y los sentimientos.

A principios de 1920, la convulsión política producida por la oposición al régimen de Estrada Cabrera condujo a la suspensión de clases en el Instituto de Chiquimula, situación que aprovechó para viajar a Taxisco en donde se sumó a la filial del Partido Unionista. El 9 de abril de 1920 un bando público anunció que la Asamblea Nacional Legislativa había desconocido a Estrada Cabrera, por alteración de sus facultades mentales, y designó en su lugar, como Presidente Provisional, a Carlos Herrera. Los pobladores de Guazacapán y Taxisco se organizaron para atacar al destacamento de Chiquimulilla, cuyo comandante se resistía a reconocer al nuevo gobierno. La huída del jefe militar evitó el enfrentamiento y los unionistas fueron "recibidos con vítores". Juan José "marchaba en honrosa primera fila, con la cara encendida de sol" y "con un fusil en las manos".

La convulsión política de 1920 alcanzó al Instituto de Oriente, en donde hubo cinco directores. El 4 de agosto nombraron al sexto, Adrián Zapata, en quien los alumnos percibían "la personificación de un sistema funesto, y su retorno a la Dirección permitía suponer el resurgimiento de una dictadura escolar fuera de época". Hubo una huelga, Juan José regresó a Taxisco y quiso hacer valer ante sus padres la palabra de honor de que no permanecería en el INVO mientras estuviera Zapata de director.

Arévalo reconoció que durante los tres años vividos en Chiquimula, la ciudad se grabó en la profundidad de su memoria, "como un conjunto de bellos telones sentimentales". Allá estalló su adolescencia, con todo su "aparato dramático, placentero y doloroso al mismo tiempo". Ese derramamiento interior se daba sobre todo con el descubrimiento de la sexualidad, sin dejar de amasar "una cultura que no por escolar y elemental deja de ser el sólido fundamento de lo que seremos siempre. Si la edad juvenil da las normas para el resto de nuestra vida, la adolescencia ha dado los cimientos de la personalidad."

Fuente: www.lahora.com.gt


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