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Inermes, como siempre
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 28 de diciembre de 2004

En agosto de 2005 se cumplirá un siglo de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Zacapa y Gualán, emergencia atendida por el gobierno de Manuel Estrada Cabrera con el envío de ayuda y provisiones al área. Un médico de entonces comentaba que el cabrerismo era como un virus ante el cual no había inmunidad, ya que todos los habitantes podían contraerlo y pocos escapaban a sus síntomas: "El cabrerismo fue una enfermedad que nos dio a todos." (F. Lainfiesta, 1980: 636).

Con Estrada Cabrera el principio del siglo XX se caracterizó por la pignoración de la soberanía nacional, subasta sistemática con que también el arzuísmo terminó la centuria. El cabrerismo fue casi un cuarto de siglo extraviado para Guatemala. El comercio, el capital financiero, los transportes, la energía eléctrica y grandes porciones de territorio nacional pasaron a manos extranjeras.

Se propugnó el crecimiento económico por medio de colonizaciones extranjeras, denuncias de tierras, poblamientos, cultivo del café, producción comercial del banano, construcción de ferrocarriles y la explotación minera y de hidrocarburos. De esa política de entreguismo resultaron intervenciones extranjeras ostensibles o encubiertas, los perniciosos contratos ferrocarrileros y, no menos lesivas, las concesiones fruteras.

El deterioro no sólo era material. La ciega y baja adhesión a Estrada Cabrera lo enalteció como "defensor de la civilización y la ley", "protector de la juventud estudiosa" y "mecenas" de escritores como Rubén Darío, Enrique Gómez Carrillo, José Santos Chocano, Máximo Soto-Hall y José Joaquín Palma.

Durante el manuelismo, la actividad política se reducía al servilismo y el besamanos. Hasta las actividades más insignificantes dependían de la voluntad del sátrapa. Fue una época de conjuras, intentos aislados de magnicidio seguidos de terribles represalias, protestas en formas de suicidios. El instrumento de la insurrección fue el Partido Unionista, constituido el 25 de diciembre de 1919 con el pretexto de la integración ístmica, al acercarse el centenario de la independencia centroamericana. Entre sus estrategias estuvo el impulso de la organización estudiantil como una de las fuerzas sociales que derribaron la dictadura manuelina.

Miguel Ángel Asturias asistió a la rendición del sátrapa, con el mito defendiéndose a sí mismo: "cuando cayó el señor Presidente y fue puesto prisionero, la gente creía que no era el mismo. Al verdadero, el mito lo seguía amparando. A éste que estaba preso, no, y la más simple explicación era que el mitológico había dejado de existir, y éste era uno cualquiera."

César Brañas volvió la mirada, medio siglo después de la "revolución burguesa" de 1920, despojada de un ideario sólido que rebasara los propósitos inmediatos del Movimiento Unionista. Se desplomaron cincuenta años de satrapías disfrazadas de liberalismo, abriéndose el camino para una "esperanza inconcreta" que "nadie supo concretar". Los cuadros del antiguo régimen se reconstituyeron con presteza, "si no estaban intactos"; "la jerarquía castrense, los inconmovibles generales, los viejos diputados, los jefes políticos y tantos otros altos funcionarios y los demás personajes del tablado habían sufrido claros en sus filas y sobre ellos pesaban iracundos anatemas, pero con facilidad se recobraron y retomaron el poder, fortalecidos, mejor que presionados, por poderosos influjos y circunstancias extranjeras. Como a la hora de la independencia, como en todas las contradicciones de nuestra historia, no hubo el caudillo polarizador de aspiraciones ni se sospecharon, aunque fueran indicados, los cambios de estructuras." (El Imparcial, 3-5-1971: 11).

Un siglo después, no contamos con una juventud que galvanice el descreimiento en los politicastros en periódicos y canciones estudiantiles, como ecos de hastíos y descorazonamientos. El recuerdo de esas voces matinales de inconformidad mantiene la desconfianza y la necesidad del escarnio por los dominadores del escenario nacional. Todo para constatar, como siempre, la carencia de estadistas y pensadores dotados de energía y visión.

Fuente: www.lahora.com.gt


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