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El tercer demonio
Por Marco Vinicio Mejía - Guatemala, 15 de enero de 2005

La intervención de la Audiencia Nacional de España reactivó el caso de la quema de la Embajada de España hace casi 25 años. Después del informe exhaustivo de la Comisión del Esclarecimiento Histórico, es un insulto a la inteligencia colectiva y un vejamen más a la dignidad social que trate de exculparse la responsabilidad del gobierno de Romeo Lucas García en los sucesos.

La expectativa por el cumplimiento de la orden de captura internacional contra Donaldo Álvarez Ruiz y la cercanía de conmemorar un cuarto de siglo de ocurridos los hechos en la sede diplomática, ha demostrado que continuamos desgarrados al amparo de dos teorías de la memoria. Para la mayoría de activistas de derechos humanos, durante tres décadas hubo sólo un demonio: las fuerzas desatadas de la represión sin reglas. La teoría que se le opone tiene menos adeptos, a pesar de estar apegada a la verdad histórica: no hubo un demonio sino dos.

Según la segunda teoría, el Ejército cometió terrorismo de Estado y hubo un terrorismo sin Estado en el cual incurrieron las organizaciones insurgentes, de manera que ambas manifestaciones de terrorismo son injustificables. Tanto en su variante masiva como en la selectiva, el terrorismo de Estado se cobró miles de víctimas. El terrorismo sin Estado, cientos. Ni las justificaciones de la obediencia debida de los militares ni los ideales de los ex insurgentes, mientras los tuvieron, los liberan de la responsabilidad de realizar un examen de conciencia.

Unos sostienen que sólo hubo un demonio, otros dicen que fueron dos. Al centrarnos únicamente en esas dos teorías, corremos el riesgo de ignorar el tercer demonio entre nosotros: la violencia criminal que ya no ocupa la memoria del "conflicto armado interno" sino las vivencias cotidianas del tiempo presente.

.El tercer demonio es el más peligroso, pues es el único sobreviviente en esta Guatemala irredenta. Para unirnos frente a él, empero, debemos cumplir entre todos una tarea pendiente: salir en busca de un futuro que les pertenece a nuestros hijos.

La violencia de la guerra, con toda su crueldad, es irreversible, pero algo puede hacerse todavía contra la violencia del nuevo milenio. Los asesinatos de represores y de guerrilleros pertenecen, irremediablemente, al pasado. No debemos olvidarlos ni dejar de pedir que se esclarezcan; tampoco debemos dejar de lamentarlos. Pero si nos concentramos únicamente en lo que pasó durante las décadas pasadas, corremos el riesgo de distraer fuerzas para enfrentar la furia del tercer demonio.

A diferencia de las otras dos, esta tercera violencia puede evitarse. ¿Una mejor disposición de los planes de seguridad podría evitar, por ejemplo, el sostenido feminicidio? ¿Cuántas mujeres se pueden salvar? ¿Qué importa más para los que conocen más y sufrieron menos? ¿Las muertes inevitables de quienes murieron hace décadas o las muertes inminentes, pero evitables, de los que pronto morirán?

Fuente: www.lahora.com.gt


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